Veo que estás enojado

Desde que los niños nacen buscan comunicarse con nosotros y revisan con altísima destreza nuestra respuesta frente a sus maneras, aún pobres, de hacerlo. Cuando los imitamos o nos burlamos de sus esfuerzos ellos interpretan que es mejor no volver a hacer aquello que hicieron porque sentirse burlado es frustrante a cualquier edad, pero cuando atendemos con respeto y procuramos entender lo que nos quieren decir, los niños interpretan que eso que hicieron (sonido, palabra, pataleta, grito o llanto) les funciona como estrategia para sentirse reconocidos y valorados. Y nada más importante para un ser humano en desarrollo que el reconocimiento y la valoración de sus padres.

Mi hijo mayor tiene 4 años y se pone bravo justo cuando yo de afán para medir mi sistema de priorización, pierde el control cuando más público nos rodea para medir mi capacidad de acompañarlo a pesar de la vergüenza, llora por situaciones que yo considero tonterías para medir mi capacidad de respetarlo, echa cantaleta y lanza amenazas como “nunca voy a jugar contigo otra vez” “no te voy a invitar a mi fiesta de 5” para medir la autoridad que hay en mí, y si además está cansado o tiene hambre ensaya todas las anteriores para medir cuál estrategia le funciona.

Y no es que mi hijo se exprese a deshoras o me manipule. Es que mi hijo, como todos los niños de su edad, necesita que la mamá reconozca sus emociones para él mismo entenderlas y aprenderlas a manejar. Vale la pena darle atención a todos los comportamientos que generan en nuestros hijos las diferentes emociones. Nombrar las más sencillas como “estás muy emocionado de ver a tus primas” y ayudarle a controlarse con “es normal que estés ansioso porque nos vamos de viaje”. La situación que realmente amerita muchas publicaciones en blogs es la gestión de emociones que generan sentimientos y situaciones menos agradables.

Hace como 6 meses mi hijo aprendió a ponerse bravo, y con ganas. Entonces cuando algo no sale como él lo esperaba, o cuando por efecto de alguna norma no puede conseguir lo que quiere, se enoja. Antes, cuando se presentaban situaciones de frustración lloraba o no sabía cómo sacar esa rabia. Ahora incluso sabe decir “estoy bravo”, y eso para mi es un logro porque nombrarlo como un estado me da la posibilidad de conversar con él y de acompañarlo desde la responsabilidad que tiene cada uno de su propio bienestar.

Pasó por ejemplo que estamos en la cancha jugando “fútbol” y después de un rato, le digo que estoy cansada, que juguemos unos minutos o unos goles más y terminemos el partido. Normalmente acepta acuerdos de este tipo pero ese día, cuando se llegó el momento de terminar, Salomón se puso bravo. Comenzó con frases a modo de amenaza “si no sigues jugando, no voy a subir a la casa” o “voy a contar hasta diez y si no empiezas a jugar no te invito a mi fiesta”, y cuando vio que nada de eso me haría cambiar de opinión se arrinconó en la cancha, se sentó sobre el balón y dijo “yo ya no te quiero mami”. Las amenazas me dan rabia y me provocaría decirle que deje la bobada, que otro día jugamos, pero la falta de amor me rompe el corazón aunque yo sepa que no es cierto. Mi forma de estar ahí fue entonces:

  • Veo que estás enojado.
  • Movió la cabeza diciendo sí, con un puchero enorme y el cuerpo encorvado. Yo lo observé todo el tiempo procurando entender lo que me decía sin palabras.
  • Entiendo que quieras seguir jugando y que te de rabia que hayamos terminado el juego.
  • Levantó la cara y el puchero disminuyó un poco.
  • Y te pido que entiendas que mamá está cansada, y acordamos que jugábamos un rato más después de que yo ya quería terminar de jugar. Ambos cedemos un poco, y nos damos gusto a los dos.
  • Yo no voy a subir a la casa. Dijo todavía amenazante pero su cuerpo ya estaba más suelto.
  • Ok, si quieres esperamos un ratico acá sentados mientras se te pasa la rabia y aceptas la situación. Pero en 5 minutos nos subimos para la casa.

Lo dejé y en menos de tres minutos le pregunté:

  • ¿Estás listo?
  • Está bien, vamos. Arrastró los pies hasta la casa y apenas entramos ya iba saltando hacia sus juguetes.

Fin de la rabieta. Implica más tiempo del que me hubiera tomado explotar en cantaleta y forzarlo a subirse a la casa con castigos o amenazas y también implica conocerlo más, ganarme su confianza y descubrir juntos una estrategia de comunicación que nos funciona a nosotros. ¿Y si se hubiera quedado en su rabia? Probablemente habrá casos de menos éxito, pero creo que aprendemos juntos si yo entiendo que él tiene derecho a enojarse y a enredarse con el enojo, y yo tengo la opción de perder el control o de acompañarlo con algunas ideas para salir de ahí donde eligió meterse.

Él se puso bravo y él salió de ahí, yo no puedo hacer eso por él ni puedo forzarlo a hacerlo. Sí puedo y debo, ponerme en su lugar y respetar sus emociones, porque podrá parecerme una bobada pero en su sistema sucede algo cuando se enoja, cuando se pone triste o cuando se ríe, y si yo le ayudo a entenderse y a hacerse cargo, le doy la seguridad necesaria para decidir desde el bienestar.

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amosermama

7 de comentarios

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  • Muy valioso lo que has logrado. Alguna recomendación para las pataletas con niños de dos años, cuya verbalización y reconocimiento de emociones están en otra etapa?

    • Hola Diana! Mi recomendación con los niños más pequeños sería ayudarle a definir las emociones.Empieza por decirle “estás contento”, “veo que eso no te gusta y te da rabia” “estás triste por…” y así él va reconociendo qué siente cuando le pasan diferentes cosas y además ve que tú también reconoces eso que él siente. La clave está en no satanizar las emociones, y permitirles sentir sin dejar de establecer límites. Si tienes información específica en la que quieras más información, escríbeme a info@amosermama.co

  • Tengo tres hijos Manuela de 9, Pablo de 6 y Matias de 4. Y aunque te sigo y me identifico en cada etapa que he vivido con los tres me visualizo y aplaudo tu decisión de contar experiencias como las tuyas!!! Gracias 😉 de lo que haz aprendido que me recomiendas para la comunicación con los mas grandes? Como Manuela?

    • Hola Jessica! Gracias por tus palabras. Yo elijo compartir mis experiencias a través de Amo Ser Mamá porque creo que todas podemos aprender en comunidad. Nunca es tarde para ayudarles a los niños a reconocer sus emociones y con los más grande recomiendo seguir nombrando lo que intuimos que sienten y conversar al respecto “te noto aburrida con…” “veo que te pones triste cuando…” “es normal sentir enojo por…” son frases válidas para que tu hija vea que tu la ves y reconoces que es un ser humano. Tener la confianza de un hijo es un trabajo de todos los días y vale la pena invertir con paciencia y respeto, ponerse en sus zapatos y escuchar cada palabra y cada gesto. Si tienes dudas adicionales escríbeme a info@amosermama.co. Un abrazo!

  • Hola, gracias por compartir tus experiencias, tengo dos hijos uno de 4 y una bebe de 7 meses, mi hijo esta pasando por lo mismo y sinceramente a veces no se como manejarlo, no me gusta perder el control porque termino sintiéndome la peor madre, como haces para no exasperarte cuando le pides que haga algo y simplemente te ignora como si no escuchara y solo reacciona cuando escucha una orden en tono fuerte?

    • Hola Leydy. Gracias por compartir tu experiencia.
      Desde lo que he comprendido con mi hijo de 4 años, que es quien ya está en edad de comprender su relación con la autoridad, creo que la mejor manera de manejarlo es conversar con él cuando estén fuera de una situación tensa. Explicarles que cuando damos una orden buscamos el bienestar de la familia, y que sabemos que a veces son poco fáciles de acatar pero que es lo que se debe hacer para convivir mejor.
      Pregúntale qué normas le gustan y cuáles no, y dale un sentido a la norma. De verdad a veces tienen la razón y a veces nos toca reevaluar lo que exigimos. Si tienes dudas adicionales, escríbeme a info@amosermama.co

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