Una Hija del Corazón

Claudia mira por la ventana de su casa cerca a el Alto de las Palmas en Medellín, y ve a un pájaro que trabaja con dedicación para reforzar el nido donde están sus crías. Baja a la grama y toma de a una rama a la vez para elevar nuevamente vuelo hasta el nido y ubicarla allí. Es marzo de 2012 y Claudia y Guillermo acaban de perder a una hija que venía en camino.  Es su segunda pérdida perinatal y en esta ocasión ella no sabe qué es peor, si verse en casa sin su bebé o ver a su esposo derrumbado.

Ella es bogotana y él cartagenero. Se casaron en septiembre de 2007 y en agosto de 2008 vinieron a Medellín en busca de una mejor calidad de vida. Después de tratamientos de tiroides y pólipo endometrial, en noviembre de 2011 Clau estaba ansiosa y estresada porque se acercaba el límite de edad para tener hijos y sentía cierto fracaso femenino. Guillo mencionó un día la posibilidad de adoptar y su respuesta prevenida fue “En mí no hay esa opción”. Sin embargo, la curiosidad hizo que tomara las páginas amarillas y llamara a La Casita de Nicolás en donde le asignaron una cita para el 30 de noviembre de 2011. Días antes de esa cita supieron que estaban en embarazo. Y como uno de los requisitos para adoptar es la imposibilidad biológica de ser padres, suspendieron el proceso de adopción que ni siquiera había comenzado y se dedicaron a esperar a su bebé.

Lo que Claudia comprendió es que en ese entonces no estaban listos y la vida los estaba preparando para ser papás. Así lo ve hoy, pero en marzo de 2012 cuando el embarazo no prosperó, se sentía devastada y decidió no inspirar lástima y cambiar el rumbo, pues evidentemente algo estaban haciendo mal. Retomaron el proceso de adopción y allí, compartiendo con otras parejas con historias similares, dejaron de sentirse solos. Asistieron a los talleres de preparación, pasaron las evaluaciones sicológicas, y vieron a algunas parejas hacerse padres y recibir a sus hijos. Pasaron dos años en los que fueron críticos con el proceso de adopción y en los que fueron perdiendo nuevamente la esperanza de ser papás.

Es junio de 2014 y Claudia y Guillermo están en Jericó pidiendo a la Madre Laura que el milagro de ser papás se haga en ellos. Claudia recuerda haberse encontrado con una monjita, la Hermana Elvia, que le dijo que confiara, pues iba a tener dos niñas. Y Guillermo le prometió a la santa colombiana que si llegaba una hija a sus vidas, se llamaría LAURA.

Un mes después del viaje a Jericó reciben una llamada de La Casita de Nicolás para asignarles una cita de actualización de información. Claudia y Guillermo van con escepticismo a la reunión y expresan su inconformidad con los tiempos y el manejo del proceso. Les entregan una carpeta en la que aparece el listado de documentos que deben actualizar y cuando la abren leen la carta en la que el Comité de Adopción los elije como papás de una niña. Lágrimas de emoción, mensajes de texto y llamadas anunciando que eran papás y que pronto tendrían a Laura completando su familia.

El 24 de julio de 2014 Claudia, Guillermo y Laura comenzaron una nueva historia. Con un año y 8 meses, Laura revisaba su nuevo entorno con sus ojotes oscuros. Era una niña seria, apática y sin habla y hoy es una niña alegre a la que le gusta la música y abraza con facilidad. Para Claudia y Guillermo, Laura llegó en el momento indicado y todo lo que pasó antes fue la manera como Dios y la vida los prepararon para recibirla. Escribieron una historia durante el proceso de adopción en el que le cuentan a Laura sobre sus orígenes, conocen y aceptan el pasado de su hija, y ahora tienen claros los nuevos ritmos y lógicas familiares.

En septiembre de 2014, todavía aprendiendo a ser tres en esa familia, se enteraron de una noticia que los dejó boquiabiertos: Claudia está en embarazo. Y entonces entendieron el mensaje de la vida con mayor claridad: habiéndose preparado con tal fortaleza, habiendo aprendido a valorarse como pareja y habiendo recibido con tanto amor a Laura, esta familia estaba súper lista para completarse a sí misma por medio de Carolina, la pequeña hermana de Laura que nacerá el próximo mes.

No usan coche, no negocian la alimentación, siguen rutinas, escuchan flamenco o rock en vez de música infantil. Aunque suene increíble, les han preguntado si ahora que están en embarazo devolverían a Laura, como si fuera un producto en garantía. Ellos piensan que esta sociedad aún tiene prejuicios frente a la adopción, los mismos que Claudia tuvo cuando Guillermo consideró esa opción, pero hoy están convencidos de que sus hijas vivirán en una familia tranquila y conocerán sus historias llenas de amor y, con seguridad, será desde el amor desde donde ellas se sientan bendecidas de tenerse la una a la otra y de contar con la compañía de sus papás en este camino.

¿Qué producto recomiendas? Pensando en la economía familiar, recomiendo los pañales BabySec

¿Qué actividad recomiendas? Prefiero no saturar de actividades a un niño y permitirle explorar el entorno. Creo, sin embargo, que la música es el mejor estímulo para un niño.

¿Algún tip? Que anden descalzos

Escuchar a Claudia narrar su vida como mamá y su arduo camino hacia la maternidad me emocionó. Se me encharcaron los ojos varias veces y se me erizó la piel, porque en su mirada y en la de Laura vi mi vida y la de mis hijos pasar, y entendí que cada familia escribe su historia porque tiene las herramientas necesarias para contarla. Espero en un tiempo compartirles otro pedazo de la historia Laura y Carolina, y de Clau y Guillo como papás.

Acerca del autor

amosermama

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Amo ser mamá. Todos los derechos reservados © 2014. Más información en info@amosermama.co    heart    Hecho con amor por Furore - Agencia Digital.