Quisiera Callarme

Nacen los hijos y las mujeres tendemos a hablar mucho más de lo que pensamos. Quiero aprender a filtrar muchas veces mis ideas, antes de sacarlas al ruedo.

Así que tengo 3 cosas que pienso antes de hablarle a otra mamá, y si después de pasar estos 3 filtros, todavía hay algo constructivo para decir, eso es lo fundamental, lo esencial, lo sensible y lo sensato. Así que lo digo.

  1. La maternidad no es una religión:

Como la política o la religión, la maternidad genera polémica. Pero no es ni lo uno, ya que no se trata de la posibilidad de ordenar a una sociedad a través del poder, ni lo otro, pues no se trata de establecer creencias y convertirlas en dogmas de fe que nos salvarán del purgatorio.

En la maternidad no hay una norma, más allá de todas las reglas sociales que cobijan a cada sociedad, que se deba seguir al pie de la letra. En la maternidad, nada está escrito sobre piedra, aunque cada una de nosotras sienta que los descubrimientos de su día a día deberían ser patentados y exigidos al resto de las madres del mundo.

Así que si usted ha comprobado con sus hijos que los lácteos aumentan la producción de mucosas, no necesariamente lo tiene que andar profesando a viva voz frente a quienes están convencidas de que la leche de vaca es la mejor fuente de calcio.

Cada uno con sus dogmas de puertas pa dentro. Porque creo que los dogmas de todos son respetables, porque si hay algo que yo crecí creyendo y no quiero dejar de creer, no significa que deba lograr que todos crean lo mismo, porque la verdad es de quien la vive y no de quien la profesa. Y menos si estamos en medio de una conversación de mamás, pues todas tendemos a ser predicadoras, pastoras o candidatas presidenciales.

Yo en las conversaciones de mamás, quisiera preguntarme:

  • Esto que quiero opinar hace parte de mi ideología? De mi estilo de vida? de lo que me define como “Carolina”? Y si la respuesta es afirmativa, quisiera callarme.
  • Esto que quiero opinar hace parte de una anécdota que me pasó con Salomón? De algo que leí y puede ser aplicable? De lo que me recomendó mi abuela y no me funcionó pero a otra podría funcionarle? Y si la respuesta es afirmativa, pasaría al siguiente filtro.
  1. Por la boca muere el pez:

Habiendo resuelto que lo que quiero decir no corresponde a la intimidad de mis posiciones ideológicas sino a un “aprendizaje” de mi experiencia como mamá de Salomón y Lorenzo, sometería mi comentario a este filtro.

  • Para qué ufanarme de que Salomón sabe sumar y restar a los 5 si cuando tenga 13 probablemente pierda cálculo?

Ya les conté que me creí muy experta en crianza y me dediqué a hablar del tema, hasta que la vida me premió con un doctorado del que la humildad es mi única lección.

Y es que somos hábiles en convertir esa anécdota simple en el dogma del numeral 1. y se abren unas comillas sinfín de comentarios memorables:

  • Te recomiendo que no lo dejes llorar, porque leí que eso lo puede traumatizar.
  • Yo no permitiría que mi hijo grite y corra por un restaurante porque eso es enseñarles a irrespetar a los demás.
  • Hay que ponerle mallas a todas las ventanas porque si vieron lo que pasó en Bucaramanga?
  • Ay niñas tengan mucho cuidado con los jugos de caja porque son como veneno.

Entonces si esa anécdota de mi proceso como mamá es para llenarme la boca, para demostrar que así nadie lo note mis hijos son tan geniales como Leonardo DaVinci o Leon Tolstoi, debería callarme. Si en el fondo de mi corazón quiero resolver mis temores con delirios de superioridad, debería callarme. Porque en unos años, si no meses, me he de ver diciendo que nos retrocedimos al pañal, que Salomón que era tan hábil para los números nada que sabe leer, o algo parecido a una escupa que tiré para arriba y me cayó en la cabeza. Y para definirlo, me preguntaría:

  • Nos reiremos al menos de nuestro drama y le demostraré que ella no es la única? Si la respuesta es negativa, quisiera callarme.
  • Me gustaría que alguien me cuente esta historia? Si la respuesta es negativa, quisiera callarme.
  • Podrá usar esta historia para aplicar algo, o para saber cómo no hacer lo mismo que hice? Si la respuesta es afirmativa, pasaría al punto 3.
  1. Apoyar no es opinar:

Si logré llegar a este punto sin embarrarla, me aplaudo. Es decir, si a estas alturas yo no me he deshecho en prosa sobre mis maravillosos o tediosos 6 años como madre, es porque me dormí mientras estas brujas hablaban de sí mismas. Pero si de verdad hiciera el ejercicio de someter a este proceso cada una de mis opiniones a otra mamá, a lo que todavía quedara en la punta de mi lengua le pondría freno preguntando:

  • Ella está pidiendo mi opinión? Si la respuesta es negativa, quisiera callarme.

Y acepto que las mamás por lo general necesitamos quién nos oiga, no quién nos ande aconsejando nada, porque estamos cansadas de los consejos de las profesoras, enfermeras, pediatras, tías, abuelas, y blogueras (me cayó el guante con toda) que andan predicando una maternidad que en nada se parece a la nuestra.

 

Si cualquier comentario o idea superara estos tres filtros, yo se lo diría a esa mamá que tengo enfrente. Pero como casi nunca sucede, elegí crear un blog para compartir algunos asuntos de mi estilo de vida y mi ideología, unas historias que me llenan el pecho de orgullo al ser mamá de dos maravillas desconocidas por los Guinness Records, opiniones que saco de mi intimidad porque creo que algo útil generarán, así sea servirme de catarsis y convertirlas a ustedes en mis terapeutas preferidos.

Acerca del autor

amosermama

3 de comentarios

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  • Súper cierto
    Amo leerte porque se q son palabras del corazón, además de lo de súper mama para esos dos súper hombres q son unos de los nores más grande de mi vida y de mi familia de 4, q no hay día q no hablemos de ellos… hasta el tío Adony

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