Plastilina Marca Propia

Involucrar a los niños en diferentes procesos es una manera de enseñarles que muchas cosas no son un milagro sino una sucesión de decisiones que generan un resultado en la realidad.

Recuerdo a mi abuelo moliendo carne, en un molino que se anclaba al mesón de la cocina a través de un dispositivo que creo hoy no existe. Tengo ese olor como parte de mi infancia, y de ahí tengo noción de la carne molida como parte de nuestra cultura alimenticia.

Las sociedades actuales crecemos desconectadas de los procesos y eso, creo yo, nos hace menos empáticos y menos pacientes, más exigentes y menos recursivos. El mercado actual nos ahorra la comprensión del origen de las cosas. Entonces nuestros niños desconocen de dónde viene una arepa o creen que las únicas galletas posibles vienen en bolsas de mecato.

No se trata entonces de pelear con el mercado actual y complicarse la vida haciendo todo de manera artesanal para mostrarle a los niños el proceso de cada cosa. Se trata más bien de pensar algunas actividades sencillas y muy divertidas que nos permitan conversar con los niños sobre el origen de las cosas.

Creo que cocinar con los niños es una de las mejores oportunidades para hablar del proceso. Cómo algo pasa de ser agua tapando papas a un puré delicioso o cómo de unos espaguetis duros se obtienen las maravillosas culebras que los niños succionan para comer. Las actividades creativas son otra gran oportunidad de reconocer las consecuencias de las decisiones y la sucesión de actos que conlleva a un resultado.

Les comparto nuestra plastilina hecha en casa a partir de la receta que aprendimos en el taller de Maquerule:

Ingredientes:

  • 4 tazas de harina
  • 2 tazas de agua tibia
  • 1 ½ tazas de sal
  • 2 cucharadas de aceite
  • Colorantes de alimentos

Procedimiento:

  1. Dividir el agua en 4 recipientes. Es decir, media taza de agua en cada recipiente
  2. Mezclar en cada recipiente el colorante deseado y una cucharadita de aceite
  3. Aparte, mezclar los ingredientes secos (sal y harina)
  4. Mezclar una taza de la mezcla seca con el contenido líquido de cada recipiente
  5. Amasar hasta lograr la textura deseada
  6. Después de jugar, se debe almacenar en un envase hermético o en bolsas resellables eliminando el aire.

Es simple y fácil, además de económico. Y lo más importante para mí, fue que Salomón entendió que existe plastilina posible más allá de Play-Doh y nos hicimos preguntas sobre el proceso de elaboración de la plastilina comercial, y porqué se pone dura si no se guarda, o porqué la venden en presentaciones tan pequeñas si nosotros hicimos mucha cantidad de cada color.

Los procesos desarrollan en el ser humano la noción de causa y efecto, la empatía de reconocer que cada cosa tiene un esfuerzo que debe respetarse, la paciencia de aceptar que los resultados toman tiempo y la consciencia de que la vida misma es un proceso del que cada uno puede hacerse cargo.

Salomón sigue usando sus plastilinas “marca propia” orgulloso de haberlas hecho él con sus manos, y cada que juega con ellas recuerda que tienen sal, aceite y “gotas de colores”. Aprendizaje invaluable, recuerdos para siempre, diversión garantizada y, quiero creer, un niño más consciente y feliz.

Puedes encontrar muchas otras maneras de hacer plastilina casera en Nuestro Mundo Creativo 

 

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amosermama

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