Nuevas Crayolas

¿Qué hacer con tantos pedacitos de crayola que mi hijo, al no poder agarrar con sus manitos, decide que ya no sirven?

Cuando me acerqué al acto de colorear siendo mamá, me recomendaron usar crayolas o lápices de color, ya que los marcadores cubren mucho espacio con menos esfuerzo y son poco fáciles de controlar por la incipiente motricidad. Y muy juiciosa, me acogí a la recomendación comprando crayolas en amplias gamas de color.

Al cabo de unas cuantas hojas pintadas, me encontré con crayolas que cayeron en el desuso, y mi hijo se tardaba cada vez más esculcando en la caja para encontrar las más largas. Hasta que le pregunté:

  • ¿Y qué pasa con ésta? – mientras le mostraba en mi mano una media crayola que aún cumplía su función a cabalidad.
  • Ya se acabó, está muy chiquita y no sirve – radical como suele ser, respondió sin duda.

¿Las guardamos? ¿las regalamos? ¿las botamos? No! Botarlas no. Aprendimos del que ama ser papá que las cosas son buenas mientras sirvan, y esas crayolas servían. Me reconozco poco acumuladora, no guardo lo que no uso, no espero que aparezcan cosas para poner en cajas guardadas por meses en mi casa y toda prenda que no uso durante un año, considero que no me gusta o no me sirve, y que habrá muchas por ahí a quiénes les guste y les sirva.

Sin embargo, no estaba dispuesta a comprar más crayolas teniendo montones de pedazos en casa. Así que me aventuré a guardarlas un tiempo hasta que encontré la mejor manera de crear nuevas crayolas con esos pedazos.

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  1. Lo primero que hay que hacer es pelar los pedazos de crayola que ya no usan los niños. Quitarles el papel como quitando cáscara de mandarina, y partir las que quedaron más largas en pequeños pedazos
  2. El segundo paso es decidir si mezclar los colores o separarlos por tonalidades similares. Depende del tipo de crayola que desees tener al final, unas que pinten en arco iris u otras que pinten en diversos tonos dentro de la misma gama.
  3. Después buscas un molde de repostería, o algún contenedor que se pueda meter al horno, y metes allí los pedacitos de crayola.
  4. Luego, al horno hasta que esos pedacitos se derriten dentro del contenedor elegido y toman esa forma. Yo puse la temperatura a 150°C y les tomó alrededor de 10 minutos en derretirse. Me sirvió estar pendiente del proceso y una vez comenzaron a derretirse pude meter más pedazos de crayola en cada contenedor.
  5. Lo sacas del horno y esperas a que se enfríe, para que compacte y lo puedas sacar del molde como un hielo.

Con estos pasos sencillos, obtuvimos un nuevo elemento a partir de algo que pronto terminaría en la basura. Además conversamos de propiedades como sólido y líquido y del efecto del calor en ellas.

Lo invaluable, más allá de estrenar crayolas con otras formas y posibilidades de color, es el descubrimiento mental de que lo que consideramos “inservible” podría ser otra cosa. Y esos cambios en la mirada, aprendidos desde la infancia, transforman las maneras de pensar y, en este caso, de consumir.

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amosermama

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