Los Niños No son Pobrecitos

Una reflexión para dejar de tratar a los niños de pobrecitos. No los compadezcas, mejor acompáñalos a encontrar las herramientas necesarias para afrontar lo que les pasa.

El lenguaje es un asunto cultural. La manera de nombrar la realidad pasa de generación en generación y se graba en nuestro imaginario como la única manera. Y el lenguaje, o esa manera de hablar que aprendemos en nuestras familias, colegios y ciudades, influye en la manera como las sociedades piensan y se piensan.

En mi familia, y me atrevo a afirmar que en mi ciudad, la gente dice con frecuencia “qué pesar” y eso nos hace actuar de manera solidaria en muchos casos, y lastimera en muchos otros. Y cuando de niños se trata, se dice “pobrecito el niño”. Cuando un niño se cae, cuando recibe un no por respuesta, cuando hay deseos insatisfechos, cuando hay normas y límites, cuando un niño llora e incluso cuando un niño obedece, oigo esa frase de la que fui más consciente cuando me hice mamá y cuando el “pobrecito” era hijo mío.

Me siento incómoda cuando alguien se refiere a alguno de mis hijos como “pobrecito” porque se acuesta a dormir solo, o porque se aporrea, o porque no le permitimos algo. Que sus abuelos generen lástima y sientan “pesar” porque en mi familia hay normas con las que ellos no están de acuerdo, no convierte a mi hijo en “pobrecito”. En mi caso, desde que soy mamá he notado motivos u ocasiones en las que por lo general recibimos esa frase como respuesta:

  1. Cuando el hijo me pide un dulce antes de almuerzo y le digo “no” con serenidad y contundencia… “Pobrecito el niño”
  2. Cuando le pido a mi hijo que apague la tele ya que ha tenido una dosis suficiente, y él obedece… “Pobrecito el niño”
  3. Cuando en una tienda mi hijo quiere varios juguetes y le digo que escoja uno… “Pobrecito el niño”
  4. Cuando alguien va de visita a mi casa y a las 8:30pm yo acuesto a los hijos a dormir… “Pobrecito el niño”

Es un error. Tratar a un niño de pobrecito, en cualquier caso, es un error. Y no lo digo porque crea que los niños son todos afortunados o bendecidos, o que decirles pobrecitos sea ser desagradecidos. No creo en la visión moralista que considera que los pobrecitos son los vulnerados, hambrientos o enfermos y que como mis hijos no están en esas condiciones son afortunados porque lo tienen todo. No es esa mi posición.

Me opongo a que les digamos pobrecitos a los niños porque lo hacemos de manera inconsciente y si revisáramos muchas de las palabras que usamos para referirnos a lo que les pasa a los niños, podríamos empoderarlos y entregarles poco a poco la responsabilidad de sí mismos. Creo que “pobrecito” es una palabra que subestima e irrespeta de manera camuflada. Pobre es el que carece de lo necesario, el que no tiene lo suficiente. Decirle a un niño pobre es decirle en cierta medida que no tiene las herramientas necesarias para lograrlo, que él no es suficiente para ser capaz. En mi opinión es castrante y da por sentado que el niño no puede asumir lo que sea que le pasa: la caída, la norma o la frustración. Qué tal si dejamos de decirles pobrecitos y elegimos acompañarlos a entender lo que sucede llamando las cosas por su nombre y confiando en su capacidad de aceptarlo y asumirlo de la mano de padres empáticos que lo apoyan en vez de hacerlos sentir inferiores.

Entonces les pido un favor, al menos a mis hijos no les diga pobrecitos. Sus papás aceptaremos su camino, desde un simple deseo no cumplido hasta un proceso de salud, y estaremos a su lado para enseñarles que ellos tienen las herramientas necesarias y suficientes para asumir sus procesos, y que nosotros los acompañaremos. Tienen un potencial increíble, como todos los seres humanos, y unos papás comprometidos con ayudarles a descubrirlo y creer en él. Así que no son pobrecitos.

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amosermama

5 de comentarios

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  • Tiene toda la razón. A veces los compadecemos equivocadamente y es una forma de malcriarlos y en vez de un bien les estamos haciendo un enorme mal. Porque ellos tienen todas las capacidades ee lograr lo que se propongan.
    Es un excelente mensaje. Gracias por compartirlo

  • Me encanta este artículo y estoy totalmente de acuerdo, me aterra que me “pobreteen” a mis hijos, 2 niños que todo lo tienen y Gracias a Dios no les falta nada. Lo publicas por favor en fb para poderlo compartir con mis amigos.
    Saludos!

  • Qué acertado y real, a veces los adultos no nos fijamos bien en las palabras que les estamos dando a diario y siempre estamos anteponiendo su inhabilidad para hacer las cosas, desde físicas, hasta emocionales… Gracias por compartirlo, me uno a ti así no tenga hijos por ahora… 😉

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