Nacer en un Ascensor

Cuando soñaba con ser mamá, el parto no era mi interés principal. Pensaba en pañales, ropa, pataletas, coche, colegios y decisiones cotidianas, pensaba en las limitaciones y los cambios que traen los hijos, pensaba en tenerlos pero pocas veces pensé cómo es ese momento en el que nacen. Una vez quedé en embarazo nunca imaginé partos sin medicamentos, con poca intervención médica y con dolor. Me imaginé siempre usando anestesia epidural y monitores sonando al ritmo del corazón del bebé, y sobre todo, con médicos cerca para atender cualquier situación.

El primer hijo nació en otro país, con menos medicamentos de los que se usan en Medellín por rutina, en un parto que hoy yo llamaría “normal”: rompí fuente a las 7am, llegué al hospital a las 10am, cuando estaba en 6cm de dilatación me pusieron epidural y como las contracciones bajaron ritmo, disminuyeron mi anestesia y sentí bastante dolor durante las cuatro contracciones en las que nació Salomón, alrededor de las 3:30pm.

Los médicos se suelen basar en ese resumen del primer parto para asumir que el segundo será muy similar, tal vez un poco más rápido. Así que yo esperaba pocas diferencias en el parto y como el sistema de salud es diferente, hice varias peticiones a mi médico: que intervinieran poco en la primera etapa de contracciones, que me permitieran esperar lo máximo para usar medicamentos, que no usaran pitocin para inducir el parto o para aumentar las contracciones, y que las enfermeras se abstuvieran de darme alientos durante mi proceso. Ese era mi plan de parto construido con ayuda de Buen Nacer donde hicimos curso prenatal para prepararnos y entender este nuevo sistema médico al que nos enfrentábamos con el segundo parto.

El jueves 20 de marzo cumplí 37 semanas y tuve monitoreo en el que aparecieron un par de contracciones suaves que yo no sentí. El médico me revisó y me anunció que Lorenzo nacería ese fin de semana, pues ya había comenzado a dilatar el cuello del útero por donde el segundo hijo se abriría camino para llegar al mundo. Un día lleno de ansiedad y sugestión, contaba las horas y a eso de las 4:00pm sentí un leve dolor, parecido a una contracción, así que le pedí a mi esposo que llegara temprano de trabajar y el hijo mayor se fue a dormir donde los abuelos porque yo creía que esa noche nacería el segundo hijo, obviamente en el hospital.  Lejos estaba yo de los planes que Lorenzo tenía para su nacimiento.  El futuro papá por segunda vez llegó a la casa temprano, y esa tarde yo sentí, más o menos cada hora, algunos dolores muy leves que registramos en Contractions, una aplicación para iphone, porque ya nos sentíamos en trabajo de parto. Las maletas en el carro y nosotros a las 11:00pm nos quedamos dormidos esperando que las supuestas contracciones aumentaran en intensidad, duración e intervalo. A las 5:00am del viernes 21 de marzo nos despertamos sin volver a ser papás todavía.

Pasamos un día tranquilo, como en vacaciones. Con esos dolores esporádicos y leves que no me impedían seguir caminando, hablando o haciendo cualquier otra actividad. Salimos a caminar porque “dicen que eso ayuda”, el hijo mayor regresó a casa porque como ya mi sugestión había pasado, yo no creía que Lorenzo fuera a nacer ese viernes. Al final del día llegaron nuestros amigos Pino y Naty con María, su hija. Pedimos alitas y comimos juntos mientras Salomón y María jugaban.

Cuando terminé de comer sentí lo que ahora llamo “la primera contracción”, por su intensidad y duración recordé que eso sí era una contracción, una de las fuertes, así que le dije a mi esposo que no esperaría a sentir contracciones cada 3 o 5 minutos durante una hora, que es la indicación de estar en trabajo de parto propiamente dicho, y que mejor nos fuéramos para el hospital en unos minutos. Decidí bañarme para “hacer tiempo” y cuando estaba dentro de la ducha tuve un dolor demasiado intenso y largo, una contracción que no me soltaba. Saqué fuerzas para salirme de la ducha y aunque estaba descompuesta por ese dolor, nunca imaginé que mi cuerpo estaba en pleno proceso de expulsión de un bebé. Entre la bañera y el sanitario estaba parada cuando sentí ganas de pujar. Y uno sabe que son ganas de pujar y no de otra cosa porque ya ha sentido ese deseo incontrolable de expulsar algo, diferente de material fecal, del cuerpo. De lo contrario yo hubiera creído que las alitas me habían caído mal. Sentada en el sanitario le pedí a Carlos que llamara al médico y él, que iba y venía entre nuestra habitación y el baño, entró al baño mientras hablaba con el médico, se inclinó frente a mi diciéndole al médico “yo veo lo que a todas luces es la cabeza de Lorenzo”. Carlos en su calma característica dice esto y yo inmediatamente, como en acto reflejo, toco con mi mano lo que mis ojos no podían ver por efecto de la barrigota. La mejor manera de describir lo que toqué es un globo lleno de agua intentando salir por un pequeño orificio. No era la cabeza de Lorenzo porque aún no había sucedido la ruptura de membranas o “romper fuente” como dicen. Así que eran esas membranas conteniendo líquido amniótico y siendo presionadas por Lorenzo que planeaba nacer en muy pocos minutos.

La indicación del médico fue ganar tiempo y dirigirnos al hospital inmediatamente. Sin embargo, mi cuerpo no estaba tan alerta ni mi mente tan dispuesta a pararse y caminar para salir de la casa en segundos. Me paré del sanitario y ya no sentía ese dolor de la ducha, las piernas me temblaban y recuerdo más el temor mental que el dolor físico. Con mi mano sosteniendo esa bolsa donde estaba Lorenzo, le pedía a mi hijo que esperara un poco más. Y aún no había dado suficientes pasos para salir del baño.

Carlos mientras tanto, había salido de la habitación a pedirle a Pino que nos sirviera de conductor para llevarnos al hospital. Hoy sabemos que lo que Carlos se imaginó era que Lorenzo nacería en el carro. Al ver que yo seguía como petrificada, Carlos le pide a Pino que me levanten entre los dos y me saquen de la casa. Tengo una sabana encima y cada uno me tiene agarrada de una rodilla y un brazo y planean alzarme como haciéndome una silla, cuando me elevan unos centímetros del piso yo siento algo moverse dentro de mí, como un avance en esa bolsa hacia fuera y les grito que me bajen. Ahí saco nuevamente fuerzas y decido caminar hacia el ascensor. Mi única preocupación era que el hijo mayor viera esa escena, así que Naty ya se había ocupado de jugar escondidijos con los dos niños.

Caminé con una sábana medio puesta, el pelo desordenado y una camisilla que en algún momento al salir de la ducha me había puesto. Desnuda de la cintura para abajo, las piernas entreabiertas y el cuerpo inclinado. Sabía que Carlos y Pino venían conmigo mientras cruzamos el corredor de la casa y cerramos la puerta. Suena el portazo y Carlos dice que se nos quedaron las llaves del carro dentro de la casa. Resuelven que Pino se queda sacando las llaves y baja por las escalas mientras Carlos baja conmigo en el ascensor.

Y el tiempo se paraliza en mi memoria. Estamos montados en el ascensor, yo en la misma posición levemente inclinada y las piernas entreabiertas. No sé cómo ni porqué, decido ver con mis ojos esa bolsa con líquido que se asoma entre mis piernas. Y en ese instante, cuando agacho mi cabeza y acerco mis manos a la bolsa, ésta se revienta y Lorenzo tiene su cabeza totalmente afuera. Con ambas manos cubro su cabeza y la gravedad me lo entrega. Inmediatamente llora y lo levanto diciendo “lindo, nació!”. Él abre sus ojos y me mira, siento su respiración y eso me permite mantener la calma. Carlos recibe a Lorenzo con lágrimas en los ojos y, por obra del instinto, succiona con su boca la nariz y la boca del bebé. La placenta sigue dentro de mí, o sea que el cordón umbilical impide que mi hijo y yo nos separemos. “Qué emoción, nació!”, en ese momento aparece Pino bajando por las escalas y parece asumir que ya no hay que ir al hospital. Carlos le dice que todavía ese es el plan, traen el carro y yo me subo con la cabeza de mi hijo en mi pecho. Una vez estoy sentada en el carro comienzo un diálogo interminable con Lorenzo, buscando mantenerlo alerta le digo “hijo naciste, qué emoción bienvenido!, segundos después recurro a “Todo va a estar bien, ya vamos a llegar al hospital, resiste”, estuve esos minutos como en una borrachera, como drogada por el cuerpo y por la emoción de haber traído, literalmente, a mi hijo al mundo. A todas estas, Carlos ya prendió la calefacción y me pasó una cobija para envolver al niño, y Pino va concentrado manejando. Un par de infracciones y llegamos en menos de diez minutos.

El médico estuvo en comunicación con mi esposo y ya sabe que Lorenzo nació, cuando llegamos lo veo medio verde sosteniendo una camilla. Yo rompo en llanto y pido que revisen a Lorenzo cuanto antes, auxiliares revisan al bebé en la entrada de urgencias y el médico desenrolla la sábana para evaluar mi condición. “Subamos al quirófano, tenemos tiempo” y “el bebé está perfecto” fueron las frases con las que entendí que lo habíamos logrado. Mientras abrían las puestas de un quirófano desprevenido, Carlos cortó el cordón umbilical que ya había dejado de latir. Ya separados, Lorenzo y yo fuimos atendidos. A él lo pesaron y midieron antes de vestirlo y yo terminé el proceso de parto expulsando la placenta y recibiendo instrucciones de recuperación. De aquí en adelante todo fue similar a lo que le sucede a las mamás y los bebés que viven un parto en el hospital: dos horas en recuperación, pitocin para contraer el útero, acetaminofén para el dolor durante el resto de la noche, y poner a Lorenzo al pecho para comenzar la lactancia.

La hora registrada de nacimiento fue 8:45pm y la contracción del comedor que marca el inicio del parto fue a las 8:00pm. Entre el piso 5 y el sótano hay 25 segundos. Así es que 45 minutos de un cuerpo femenino y un bebé haciendo un trabajo intenso y natural sin que mi mente lo hiciera consciente. Y 25 segundos para estar con sus papás en un acto lleno de intimidad y emoción.

Cuando llegué a la habitación donde pasaría 24 horas en observación, como la mayoría de las mujeres recién paridas, pude contarles a mis papás y hermanos mi versión de la historia. La taquicardia se me quitó al día siguiente y la adrenalina me mantuvo despierta gran parte de la noche. Al día siguiente a las 4:00pm me volví a montar en el mismo ascensor, esta vez con mis dos hijos y mi esposo, cerrando una historia mágica de un nacimiento único que nos llena de confianza y de amor.

La explicación médica de lo que pasó se denomina “parto expulsivo” y consiste en que el cuerpo no experimenta las demás fases del parto (preparto, parto pasivo y parto activo) y comienza el proceso en la fase final que culmina con el nacimiento.  Y mi explicación es que cada quien elije cómo nacer y cada mujer elige como parir. Obviamente de manera consciente no creo que hubiera elegido vivir un momento tan fuerte, pero estoy segura que la vida nos tenía esta historia preparada porque algo de esta experiencia tendríamos que aprender Carlos, Lorenzo, Salomón y yo.

Creo entonces que los astros se alinearon, el universo conspiró o los ángeles nos asistieron en un día perfecto: estuvimos en pareja todo el día, reconociéndonos como personas y como papás, Salomón volvió a casa a completar esta familia que ya éramos antes de Lorenzo, estuvieron dos amigos de entera confianza a nuestro lado para darnos la tranquilidad de no estar solos y mi cuerpo y Lorenzo vivieron un proceso extremo y sano. Como dicen los futbolistas, “todo se nos dio” para poder contarles hoy, en esta mañana de Navidad la historia mágica de nuestro nacimiento.

Obviamente es una historia taquillera. “Él es el del ascensor?” me preguntan amigos y conocidos en la calle. Y es que la razón no es suficiente para comprender y aceptar que todo salió perfecto porque así tenía que pasar. Les resumo algunas de las preguntas más frecuentes o más locas que me hacen, por si se les han ocurrido a ustedes y quieren respuestas de la protagonista:

¿No sentiste dolor? Sentí dolor en la ducha, un dolor muy fuerte que me descompuso por minutos. Desde que salí de la ducha, asumo yo que por efectos hormonales, sentí todo lo que le pasaba al cuerpo sin nada de dolor.

¿En qué momento supiste que no ibas a llegar al hospital? Nunca supe, siempre creí que llegaríamos.

 

¿El ascensor quedó lleno de sangre? En el ascensor quedó todo el líquido amniótico y muy poca sangre porque salimos inmediatamente de ahí. En el parqueadero sí quedó sangre y en la silla del carro donde yo iba sentada también.

¿Tenía cámara el ascensor? No. El parqueadero tiene cámaras y seguramente quedó registrada una imagen medio terrorífica de una mujer con pinta de bruja con un bebé en brazos dejando un camino de sangre. No pudimos acceder a esas grabaciones porque son guardadas por 13 días y cuando averiguamos ya habían pasado

¿Es normal que eso pase? A mi médico nunca le había pasado y a sus compañeros de Medicina Fetal tampoco

¿Cuál hubiera sido el peor escenario? Para el bebé que no hubiera respirado tan pronto nació o que yo no lo recibiera y cayera al piso. Para mí, una hemorragia.

¿Qué pasa si el cordón deja de latir sin haberlo cortado? De hecho hay quienes consideran que es mejor porque el niño recibe todo ese oxigeno antes de ser separado de la mamá. Sin embargo dicen que hay riesgos de infección cuando pasa mucho tiempo. En este caso pasaron escasos minutos desde que dejó de latir, y la única consecuencia fue que no supimos el RH de Lorenzo hasta el otro día que hubo que chuzarlo para saberlo.

¿Cómo sabía el papá que había que succionar al bebé? Carlos dice que seguramente tenía esa información de algo que había leído o de alguno de los cursos prenatales. Sin embargo, fue el instinto el que lo impulsó a hacerlo en ese momento.

¿Se encontraron a algún vecino? No. El ascensor nunca se abrió entre el piso quinto y el sótano y desde la puerta del ascensor hasta el carro, nadie nos vio, sólo las cámaras.

¿Y quedaste como si nada? Al nacer Lorenzo me desgarró un poco pero no fue necesario suturar. Esa noche, a la 1:00am estaba parada bañándome y al martes siguiente recogí a Salomón en el jardín y lo llevé a clase de música. Mi vida siguió súper normal.

¿Y si vas a tener otro hijo, te puede volver a pasar? Médicamente dicen que es probable que sea un parto muy rápido. A modo de charla, mi médico dice que en un tercer embarazo me hospitaliza en la semana 35. Yo creería que es en serio.

Ésta es la historia y algunas de las preguntas con las que queda la gente después de oírla. Hoy no cambiaríamos nada de lo que pasó, hoy sólo celebramos que Lorenzo lleva más tiempo viviendo afuera que adentro y que estamos juntos y completos. Feliz Navidad y sigamos celebrando la vida!

Acerca del autor

amosermama

7 de comentarios

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      • Wow!!! Nunca había leído una historia cómo está, me encanto tu relato, me metí en la historia y me emocioné. Tengo dos hijos también y créeme sentí las emociones que describiste. Desde hoy te comencé a seguir y ya he leído varios de tus post pero este me fascinó!!! Que belleza el inicio de la vida de Lorenzo!!!

        • Hola! Qué rico que te guste lo que hago y mi manera de compartirlo. Me alegra que me sigas y me leas y también me sorprendo cada vez más con esta historia. Lorenzo pronto cumplirá 4 años y todos los días le agradezco por llegar a romper todos mis esquemas. Un abrazo!

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