Mi Doctorado en Crianza

Si Salomón me demostró que el instinto materno sí existe y me permitió sacar a relucir mi diploma como maestra en crianza, Lorenzo ha representado mi doctorado en esconder diplomas y enfrentarme a mis más profundos miedos.

De la maestría en crianza que fue Salomón, me quedaron algunos libros sin quemar en la fogata porque juré que con mi segundo hijo los podría volver a necesitar. Hoy me sirven para apoyar el celular, programar el temporizador y tomarme una foto en la que, al fin, pueda salir yo con mis hijos.

Me sentía feliz con la mamá que fui para Salomón, daba cátedra sin gaguear, tenía repertorios de tips en diferentes asuntos maternos, y comenzaba a escribir porque soñaba con tener un blog para compartir tanta sabiduría. Mejor dicho, era mamona y no sabía mi heroína lo que le esperaba. Tres años y cuatro meses de alimentar al ego para estar preparada y recibir a la persona que me ha entrenado para no enloquecer, para aceptar que la cocina gourmet no es lo mío, que las manualidades tampoco y que la maternidad de revista mucho menos.

Lorenzo no tenía 6 meses y era yo la que llamaba a mis amigas a preguntarles por un buen lugar para pedir domicilios, un terapeuta para madres felices con ganas de matar al resto del mundo, y un CD para hacer deporte mientras intentaba dormir. A la directora del jardín le pregunté si, habiendo conocido tantas generaciones de niños, consideraba que la energía de Lorenzo era normal o debía visitar algún especialista que me ayudara a canalizar, especialmente mis pensamientos.

Desde el minuto en que llegó a este mundo, Lorenzo me da lecciones que algún día, espero, me acerquen a un guinness record o a un asiento en el cielo. Y lo que más me gusta de todas sus lecciones es que mi corazón y mi paciencia crecieron exponencialmente, que me sonrojo mucho menos en la calle cuando lo señalan de necio, que me importa cada vez más lo fundamental y poco a poco he dejado de pensar en la ropa impecable, la pañalera abastecida para el fin del mundo, y la despensa llena de productos fit que no se acomodan a nosotros tan poco fit.

De todo lo que aprendo cada día con los hijos, he elegido tres temas para trabajo de grado del doctorado porque son los tres aprendizajes que Lorenzo me reitera cada día:

  1. Planear para no cumplir:

Las mamás (al menos las compulsivas como yo) anotamos todo: a qué horas se pegó de cuál teta, cuántos bodies talla 3m tengo disponibles, excel con instituciones educativas y análisis de variables, y rutinas minuto a minuto para “cuadrar al niño”. Con Lorenzo entendí que es mejor cuadrar al niño al ritmo del corazón que al del reloj, que ninguna cantidad de mamelucos será suficiente para su necesidad de comer, pintar, y jugar solo; y que afortunados somos de haber elegido colegio para su hermano mayor, porque probablemente nos hubiéramos recorrido el país entero buscando un lugar a su medida. Así que no dejé de planear, eso jamás! Al contrario planeo más, hago más listas de asuntos pendientes y cosas por comprar, y me mentalicé para que nada de eso suceda, o suceda a medias.

  1. ¿Quién dijo mamá?:

Lorenzo me mostró que las teorías no tienen sentido cuando uno cree que son dogmas. Yo creía que por ser tan inquieto no le gustarían los libros y ¿quién dijo mamá?; que sería brusco y poco cariñoso y ¿quién dijo mamá?; que no acataría instrucciones y ¿quién dijo mamá? Me enseñó que es posible convivir con dos hijos esencialmente diferentes, darles el beneficio de la duda, y permitirles sorprendernos con lo que no creíamos que podrían hacer.

  1. Yo no soy la excepción:

Algunas leerán esto y se compadecerán de mí, o me estarán construyendo un altar para iluminarme con sus oraciones diarias. Pero Lorenzo me demostró que él es tan niño como muchos, cientos y miles de niños más. Que probablemente la excepción haya sido su hermano mayor que me entrenó en valentía e instinto para afrontar lo que vendría, pero que se salió muy poco de los paradigmas y estándares por lo que no estoy entrenada físicamente para las carreras y los malabares. Y esos casos de libro o revista son la excepción, los demás niños corren, tocan, juegan, se niegan, retan, van al límite y te llevan al límite.

Me graduaré con honores de cada etapa de mis dos hijos y no será porque seamos ideales y perfectos, sino porque aprenderemos juntos a hacer equipo, a respetarnos en cada una de nuestras realidades, a reírnos de nosotros mismos, a limpiarnos las rodillas y seguir sin encasillarnos para poder ser libres y permanecer unidos por siempre.

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amosermama

5 de comentarios

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  • Mi primer acercamiento a tu blog y me encanto!!!!
    Soy mamá de tres hijos : de 10 años, 3 años y 9 meses, cada uno tan distinto, tan único, tan mágico. He conocido muchas versiones de mi como mamá jejejeje. Sigo aprendiendo.

    • Tan linda! gracias por tus palabras y espero que te siga gustando lo que comparto. Y que te sigas encontrando muchas versiones de ti. Un abrazo!

  • Genial tu post tan verdadero, los hijos son regalos sorpresa, yo antes de estar embarazada idealicé mi vida con un hijo, y él lo revolvió todo, me ha llevado en una montaña rusa de emociones de risas y llantos, es tan parecido a mí que me da miedo y terror pero a la vez sé lo que será capaz de hacer por sus propios hijos y familia, me ha enseñado mucho, no ha sido como imagine que sería, ha sido míl veces mejor, no por encajar en algún prototipo o personalidad de las que leí infinito, si no por todo el amor, bondad y sabiduría que me entrega día a día.

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