Me gradué de la Guardería

Cuando los hijos comienzan a crecer, el álbum fotográfico familiar se va llenando de las primeras veces de muchas cosas. La primera sonrisa que en realidad es un reflejo, la primera sopa que no se consume sino que se unta, los primeros pasos, las primeras palabras, y hasta la primera poposiada en sanitario se vuelve parte del repertorio de fotos por imprimir para pegar en el álbum.

Y es que no es raro que celebremos las primeras veces de muchas situaciones de nuestros hijos porque también son nuestras primeras veces de esas cosas como papás. Por eso dicen que a los segundos hijos y, con mayor razón, a los terceros, no les quedan álbumes tan gordos ni tantos recuerdos para guardar porque es altamente probable que los papás tengan menos tiempo y menos interés en registrar cuanta cosa que ya es conocida porque ya se vivió con el primero.

Y en esta época de final de año vivimos nuestra primera graduación. El hijo mayor, que acaba de cumplir 4, se graduó de la guardería. Esos primeros tres años de vida, vitales para el desarrollo sicológico y emocional de nuestro hijo fueron compartidos con una institución educativa en la que nosotros confiamos para acompañarnos en el proceso. Y aprendió todo aquello que nos caracteriza como humanos (caminar erguido, hablar y pensar). También aprendió a tener amigos, a identificar a los más cercanos y a respetar a los no tan cercanos; nos enseñó incluso muchas cosas a los papás como algunos nombres de superhéroes y otras maneras de jugar. Cuenta hasta 10 en inglés y hasta 20 en español, identifica frutas, animales, femenino y masculino, agarra bien el lápiz y está académicamente listo para comenzar otra etapa en su desarrollo. Pero a mi, lo que más me importa es aquello de haber pasado 3 años de la vida en un espacio diferente de la casa, y haberlo disfrutado al punto de pedirme cada mañana “recógeme lo más tarde que puedas”. Rescato de las guarderías la posibilidad de acompañar a los niños con una mirada experimentada que sabe prender alarmas en los casos que se requieren y sabe reconocer en cada niño su ritmo y su proceso. Rescato también que desde pequeños los niños sean conscientes del otro, que sepan que existen otros niños como ellos con necesidades y deseos diferentes pero igualmente importantes de atender. Creo que en esos espacios un niño aprende a hacer parte de una comunidad, a respetar el turno, a esperar, a compartir, a acatar normas que posibilitan la convivencia, y a disfrutar de estos procesos mientras se reconoce amado y valorado.

Confieso que la idea del evento de graduación me ponía nerviosa, sabía que iba a llorar y me avergonzaba de mi misma. Hasta que entendí que esta es mi primera graduación como mamá. Y me di el permiso de llorar desde una semana antes cuando decidí participar en el evento con unas palabras de agradecimiento para la institución, y cuando comencé a escribirlas no paraba de llorar. Así que preferí que mi esposo me diera una mano con lo del discurso de graduación para yo poder llorar sin la presión de escribir y leer bien ese discurso. Eran lágrimas de orgullo y de felicidad, porque lo logramos juntos, porque admiro a mi hijo y lo que hasta ahora ha logrado, porque confío en él y en lo que la vida le tiene preparado para su futuro, porque lo veo feliz y con eso me lleno de felicidad yo también.

Se llegó el día del evento de cierre de año en el que mi hijo y sus compañeros cantaban canciones de Navidad disfrazados de Papá Noel y desde la primera vez que se paró en el escenario lo vi más grande. Habían pasado sólo veinte minutos desde que nos despedimos en el camerino, pero ya lo veía más grande. De verdad listo para lo que sigue. Yo, lloré en varias ocasiones durante el acto y, mientras mi esposo decía las palabras que acá les comparto, yo entendía que era un día muy importante para esta familia, era nuestra primera graduación y ahora todos estábamos listos para un siguiente paso. Y avanzar a veces da miedo porque salir de la zona de confort cuesta, pero dar ese paso es un acto de valentía enorme para nosotros como papás y, en especial, para Salomón como persona.

Les comparto las palabras que construimos juntos, estos papás que se graduaban por primera vez en el rol de papás:

Es probable que cuando nuestros hijos ingresen a la universidad, en Colombia sea legal el consumo de marihuana o el matrimonio entre personas del mismo sexo. Seguramente será tan difícil de comprender y generará tanta tensión social como en 1852 lo generó la abolición de la esclavitud, o en 1957 el reconocimiento del derecho al voto de las mujeres.  

No fue hace más de 20 años que se masificó la telefonía móvil, y hace mucho menos que los teléfonos dejaron de ser teléfonos y se convirtieron en la versión moderna de las navajas suizas: dispositivos tecnológicos multipropósito, que también sirven para hacer llamadas. Los hijos nuestros han desarrollado una destreza particular para manipular, con esos dedos carentes de precisión, en proceso de desarrollo de la motricidad fina, una habilidad asombrosa para manipular pantallas táctiles. Para ellos, por defecto, toda superficie se vidrio es sensible al tacto. 

Traigo a colación este recuento histórico y esta especulación futurista para enfatizar lo que nos preocupa a todos como padres: cómo educar a nuestros hijos para que sean felices en un mundo cambiante. Cómo podemos nosotros, padres de familia que nacimos en una época en la que los televisores tenían forma de caja, programación fija y 3 canales, educar a unos hijos que ven los programas que desean a la hora que desean en láminas de vidrio de diferentes tamaños. Cómo podemos prepararlos para el futuro cuando lo único claro es que será diferente de este presente nuestro?

No podemos preparar a nuestros hijos para manejar la televisión interactiva y multicanal del futuro que desconocemos. Eso de todas formas lo aprenderán. Lo que sí podemos hacer es formarlos como seres autónomos para que en ese mundo futuro sean dueños de sí mismos y responsables de sus decisiones. 

Y en eso tuvimos la fortuna de encontrar a Hola Bebé y a Sandra, quien nos enseñó que sobre unos cuantos principios básicos y unos valores claros, es posible construir para nuestros hijos un entorno que les genera confianza para desarrollar su autonomía y ejercer responsablemente su libertad. 

En Hola Bebé nuestros hijos reciben el amor que les genera seguridad. Encuentran las normas necesarias para darle sentido al mundo. Los días son planeados con dedicación para desarrollar su potencial. El tiempo que le dedican a cada niño le permite reconocerse valioso. Aprenden hábitos de autoprotección para tener un tránsito seguro por su niñez. En Hola Bebé usan palabras adecuadas para enseñarles a gestionar sus emociones, y en paralelo nos educan como padres. Y generan con nosotros espacios de diálogo y aprendizaje para ayudarnos a tomar conciencia y hacer una mejor tarea, y construir familias más sólidas y más felices. 

No importa qué elijan ser en el futuro, los niños que pasan por Hola Bebé comienzan con tranquilidad el camino de construcción de su proyecto de vida. Han tenido un buen ejemplo de una persona que escoge un proyecto de vida y se entrega a él con toda la pasión y la disciplina. Sandra, con su proyecto de Hola Bebé, es inspiración para estos pequeños en su futuro. Y, me atrevo a hablar por quienes están aquí sentados, los que hoy terminamos el proceso nos sentimos satisfechos y orgullosos de la decisión que tomamos al permitirles pasar sus primeros años en esa casa sobre la Transversal inferior, que a nosotros nos puede parecer pequeña, pero para nuestros hijos tiene el tamaño del universo entero. 

Sea lo que sea el futuro que vivan, en Hola Bebé han tenido un buen inicio para construir su vida y edificar su destino. Aprendieron mucho más que las partes del cuerpo o reconocer y nombrar los números, aprendieron disciplina, dedicación, responsabilidad y respeto a través del ejemplo de Sandra y de las profesoras. Y aprendimos los padres que nuestros hijos no están aquí para que los eduquemos, están aquí para educarse a nuestro lado. Por ello a Sandra, y con ella a cada una de las personas que trabajan en Hola Bebé, inmensa gratitud. 


Mi hijo salió a recibir su diploma, vestido de toga y birrete, y yo nuevamente no tuve otro gesto que llorar. De alegría, de gratitud, de nostalgia y de amor. Me propuse entonces celebrar todas estas primeras veces, y las primeras veces del hijo menor, como mis primeras veces. Así que felicítenme porque me gradué de la guardería!

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amosermama

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