Más que mamá, ahora soy familia

Los mellizos nacieron el 31 de octubre, y una semana después, al momento de salir de la clínica les preguntaron a sus papás:

  • Están listos para llevarlos a casa
  • No

“Agus” y “Vicen” son hijos de “Cami” y “el pollo”. Cuatro maneras de nombrar a cuatro que ese día salieron de la Clínica Las Américas de Medellín llenos de miedo y hoy han entendido que tener dos hijos al tiempo no es tan difícil como dicen.

Cuando vieron en la primera ecografía que eran dos, les dio risa nerviosa. Durante el embarazo hubo varios temores presentes: perder a alguno de los dos, que el embarazo avance lo suficiente para el normal desarrollo, que al nacer no vayan a la incubadora y que no haya que dejarlos hospitalizados mientras los papás regresan a casa sin embarazo y sin hijos.

Nacieron en la semana 34, tras un embarazo tranquilo y sano. Definieron los nombres pero no tenían ni idea cuál era cuál, así que durante el embarazo se referían a ellos como “el chiquito” y “el grande”. Sólo hasta minutos antes del nacimiento una enfermera les dio la idea de que el primero en nacer fuera Vicente, y así fue.

Agustín era “el chiquito” y al verlo las enfermeras dijeron en voz alta la temida “éste va pa la incubadora” y momentos más tarde a Vicente que era “el grande” se le bajó al azúcar y fue a acompañar a su hermanito en cuidados neonatales. Estuvieron una semana en la clínica, ganando peso sin mayores intervenciones. Y al salir de allí siendo cuatro, se despertaron otros miedos como alejarse de tantos cuidados médicos, que la fragilidad de alguno trascendiera o no ser capaz.

Cami y el pollo se creyeron el cuento de que iban a ser esos otros. Esos papás de múltiples que necesitan cambiar de carro y de nevera, multiplicar todo y enloquecer al unísono del llanto de los dos hijos. Y ahora han descubierto que no son esos y eligieron no duplicar gastos sino simplificar la vida. Vicente y Agustín les cambiaron el mundo porque los hicieron conscientes de la responsabilidad que tienen como padres de ser ejemplo en la vida de alguien. Y ahora el ritmo es más simple de lo que ellos creían y de lo que esperan los demás, su consumo más consciente con el entorno, y ellos mismos son otros.

Camila creyó que el instinto, ese que sabe cargar bebés, cambiarlos, cortarles las uñas y bañarlos era una cosa que se nos despertaba a todas con el parto. Y no. Fue en principio torpe con sus manos y temerosa. Sus amigos y una de las abuelas les dieron de regalo el dinero para contratar una enfermera los primeros tres meses y con ella aprendieron muchas cosas, pero en especial aprendieron con Vicente y Agustín a soltar el miedo, a conocerlos y a disfrutarlos.

El instinto de Cami despertó y se “empeliculó” como mamá, pasó 16 meses junto a sus hijos. Los vecinos la veían en el parque con dos niños y creían que era la niñera, pero Cami en realidad estaba concentrada en desarrollar habilidades creativas para los títeres, los cuentos y el canto. Reconoce que la paciencia se agota cuando pasas las 24 horas junto a tus hijos, y la creatividad también. Así que a los 16 meses Vicente y Agustín fueron medio tiempo a la guardería que es definida por su mamá como la posibilidad de recargar la pila y de descubrir cómo son sus hijos a través de los ojos de un tercero.

Andar con coche doble en la calle fue un error para este par. Esos aparatos son sinónimo de mamá embalada, de gemelos, de preguntas imprudentes y de chismes ajenos. Que si son gemelos o mellizos, que si naturales o por fertilidad asistida, que cuál llora más o cuál es más necio, que no has dormido nada y que con razón tienes niñera.

Vicen y Agus comparten habitación, y también enfermedades. No son hermanos idílicos pues han peleado desde que nacieron, sus papás los acompañan a dormir, y han aprendido que “lo único que no compartimos en esta casa son los cepillos de dientes” y “los hermanos se quieren y se respetan”.

¿Qué ha sido lo más difícil de ser mamá de dos? Pedir ayuda. Definitivamente cuando tienes dos hijos, en muchas ocasiones necesitas un par de manos extra que te ayuden o te acompañen. Yo soy muy independiente y no he aprendido a pedir ayuda.

¿Qué es lo que más te gusta de ser mamá de dos? Que más que mamá ahora soy familia. Los 4 estamos juntos siempre y el pollo siempre está con nosotros.

¿Qué le recomiendas a una pareja que va a tener dos? Usar dos coches en vez de uno doble para evitar preguntas

¿Qué actividad recomiendas? Leer, y en la lectura inventar personajes con los niños

Camila y el pollo quieren vivir en las afueras de la ciudad, no creen que su vida sea algo del otro mundo, no esperan que sus hijos sean grandes oficinistas ni buscan compararlos para diferenciarlos. Crecen cada día como pareja, establecen normas para dos, y buscan ser justos como papás.

Después de haber compartido con Camila otros momentos de nuestras vidas, reencontrarnos en la maternidad me ha parecido un encanto. Y verla ser familia, más que mamá, me llena de felicidad. Gracias a los cuatro por permitirme estar cerca!

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