¿Mamá del niño mordido o del que muerde?

Ojalá no ser la mamá de ninguno, ni del que muerde ni del que es mordido.

Dicen que es común que un niño, entre los 0 y los 3 años, muerda a otros. Por algún cambio incomprendido, como expresión de afecto, en defensa propia, por miedo, por frustración o por placer. Más allá de lo que dicen los libros, no se siente “común” que un hijo llegue a casa con dientes ajenos marcados en la piel.

Son dos mamás en este juego: la del niño que muerde y la del niño que es mordido. Pero ¿cuál mamá prefiero ser? ¿cuál niño prefiero que sea el mío?

La mamá del niño que muerde se preguntará: Qué quiere expresar mi hijo? Es una etapa natural de su desarrollo? Es algo que como mamá puedo acompañar? Se sentirá excluido de su grupo de amigos? Tiene rabia? Irá a ser agresivo? Porqué expresa el amor así? Y detrás de esas preguntas vienen los latigazos de la culpa. Sufre además el dolor ajeno, pone la cara por su hijo ante otra mamá desconcertada. Esa mamá no quisiera ser la que tiene que llegar a la casa a usar cremas cicatrizantes, pero tampoco quisiera ser ella misma de la vergüenza y ruega a la tierra para que se la trague.

La mamá del niño mordido también tendrá sus preguntas: Mi hijo “se deja” morder? Cómo le enseño a protegerse? Irá a ser el sumiso (por no decir “bobo”) del grupo? Y detrás de esas preguntas, también vienen los latigazos de la culpa. Y a esa mamá se le sale el indio, pela el cobre y se convierte en la leona que quisiera proteger a su hijo de cualquier ataque. Pero no puede.

Y como si fuera poco que cada una se culpe de la situación de su hijo, para ambas también hay juicios externos: una porque “algo debe estar haciendo mal” para que el hijo se comunique de esa manera, y otra porque “algo debe estar haciendo mal” para que el hijo se deje morder.

Estoy segura que, salvo en casos extremos donde hay niños violentados en sus hogares, ninguna de las dos mamás es culpable. Pero de tener la posibilidad de elegir en cuál de esas dos situaciones estar, elijo ser la mamá del niño mordido. No porque prefiera que mis hijos sean víctimas en ninguna de sus relaciones, ni porque me haya vuelto experta en curaciones cutáneas, ni porque crea que se “dejan morder”. Sino porque prefiero a todas luces la impotencia de no poder protegerlo y la necesidad de enseñarle a cuidarse a sí mismo, que la incapacidad de lograr que mi hijo se exprese de “manera adecuada” cuando ésa es la única manera que él ha encontrado para hacerlo.

A esta edad no hablamos de bullying sino de malos tratos, porque a la edad de dos, un niño no tiene la capacidad de seleccionar una víctima y de manera consciente elegir hacerle daño sistemáticamente. Y no sé si en unos años, cuando mis hijos y sus compañeros estén en edad mental de ser agredidos o agresores, yo elija ser la mamá del acosado y acorralado.

Ninguna quiere hijos víctimas de ningún mal-trato, todas queremos que los hijos establezcan relaciones sanas con sus pares, y todas buscamos proteger a toda costa la integridad de los hijos. ¿Tú qué mamá elegirías ser?

Acerca del autor

amosermama

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *

Amo ser mamá. Todos los derechos reservados © 2014. Más información en info@amosermama.co    heart    Hecho con amor por Furore - Agencia Digital.