La Familia de María José

Es un parto en el que el dolor del cuerpo es abstraído por el dolor del alma. María José nació el viernes 5 de septiembre de 2014 a las 3:46 de la mañana con 38 semanas de gestación. La vida de sus padres Catalina y Andrés y la de Alejandro, su hermano mayor, se transformó para siempre. María José nació sin vida.

Su corazón había dejado de latir tras enredar el cordón umbilical en su pierna izquierda y tensar lo suficientemente fuerte para cortar el paso de oxigeno y eliminar toda posibilidad de vida de manera inmediata.  Se llama “nudo verdadero”, no hay meconio, no hay sufrimiento fetal, se presenta pocas veces, y lo único que se puede hacer es aceptar ese destino.

El 3 de septiembre, Cata sintió un movimiento fuerte y un calor en la ingle. Pasaron una noche particular en la que Alejo, se despertó inquieto, miró por la ventana con su mamá y se abrazaron en una noche morada. Al día siguiente, estaban en casa esperando el momento, con sus temas laborales resueltos, disfrutando el día en calma. En esa noche del 4 de septiembre, Cata se preocupó porque llevaba bastante tiempo sin sentir a la bebé y se fueron para la clínica con sus maletas en mano. Inconscientemente dejaron la maleta de María José en casa, como si supieran que no la necesitarían.  Llegaron a la clínica alrededor de las 10:00pm y en la ecografía definieron que no había vida en su vientre, esperaron a su ginecóloga mientras consultaban con Dios los porqués de semejante lección. Cata decidió tener un parto natural consciente de que podría ser más complejo emocionalmente, y decidida a querer vivirlo como el parto que alguna vez imaginó que tendrían juntas.

“Qué la funeraria se demore” era el deseo de Catalina. María José estuvo pegada al lado izquierdo de su cuerpo hasta las 6:00am, envuelta en la cobijita morada que sí habían traído. Sus papás la recibieron para despedirse entre lágrimas y palabras de amor, después de bautizarla. “En mi vida había vivido una experiencia de tanto amor” me cuenta Cata con los ojos llenos de lágrimas. Así se fue María José de este plano físico.

Estefanía, la enfermera que acompañó con prudencia el parto de María José, les hizo las huellas y la manilla, les guardó la cobijita morada y se las entregó como un tesoro antes de regresar a casa. Volvieron, no con las manos vacías, sino con esta experiencia transformadora para cambiar su vida. Y desde entonces, todos los días hacen algo que habían querido hacer y comprendieron esa frase de que “los hijos no son de uno” para aceptar que su hija eligió irse para el cielo y acompañarlos desde allá.

Para re-cordarla, sus papás eligieron sembrar en su casa con parte de sus cenizas, un árbol de magnolio, la flor con la que Andrés le propuso matrimonio a Cata y la que se han encontrado con cariño a lo largo de su relación. Le rindieron un homenaje a su hija al son de flauta traversa, en una ceremonia con los familiares más cercanos. Catalina, entregando su hija a la vida, le escribió:

El miércoles 3 de septiembre escogimos cintas de todos los colores para hacerte con todo nuestro cariño los moñitos que lucirías en tu cabeza… jugamos tanto que terminaste enredada en tres de ellos… Inquieta como tu hermano y bonita como tu sola.
Esa misma noche vimos las estrellas junto a tu hermano, lo que no sabíamos era que ya estabas acompañándonos desde el cielo claro, entre nubes de color morado terciopelo, así como la manta que te abrazó al nacer.
En un comienzo pensamos que no queríamos verte, queríamos conservar la hermosa sensación de tus pataditas y tu belleza imaginada, sin embargo sentimos el deber de agradecerte con dignidad y mucho amor toda la felicidad que nos regalaste desde el instante que supimos que llegarías a nuestras vidas.
Darte a luz sin vida ha sido lo más temible que hemos podido vivir, pero solo Dios sabe por qué fue así… Te recibimos valientes, con la esperanza hasta el último instante de escuchar tu llanto al nacer…
Hoy estamos aquí, sembrando más esperanza, la fuerza que necesitamos en adelante para superar tu ausencia física…
Como tu nombre, María José, fuiste la elegida para engrandecer nuestras vidas… Guíanos y cuídanos en adelante… Angelito nuestro, bonita nuestra, pequeña nuestra………… Nuestra Aché!!

Al martes siguiente, en día de luna llena, eligieron hacer una ceremonia religiosa para compartir su dolor con amigos y conocidos. Esta vez sonaron las canciones “Lo Mejor de mi Vida” de Andrés Cepeda y  “6 am” de Santiago Cruz para re-cordarles el imborrable instante que vivieron los tres en la sala de parto: “Un suave rayo de luz, se va metiendo por la ventana son las 6 de la mañana y tú estas pegadita a mí. No quiero ni respirar, por miedo a levantarte del sueño y te des cuenta que contemplo lo que Dios me entregó. La vida estuvo de mi lado, parece haberse enderezado mi camino por ti.…”

Éste es un dolor que no se supera, es una arruga en el alma con la que se aprende a vivir. Cata quiere servirle a otros que vivan procesos similares y darle la mano a otras mujeres en duelo, así como ella contó con la ayuda de mujeres como Carmenza a quien conoció en la misa de María José “como uno de los muchos regalos del cielo que hemos recibido desde entonces”.

Reconoce que a veces se nubla y que en su cabeza retumban los gritos de Andrés en el nacimiento, pero decide tener los pies en la tierra para mantenerse presente para su familia y para sí misma. Desde entonces, los viernes son un día especial. Y en uno de ellos, adorando el árbol de María José, esa mamá vio salir un arco iris de allí, y otro día contemplando el cielo y pensando en su hija, vieron pasar un globo en forma de estrella color rosa. Entendieron entonces que tienen un hijo en la tierra y otro en el cielo y escuchan a ambos con el mismo amor.

Catalina, Andrés y Alejandro viven con María José de una manera distinta, pero viven con ella. Comprendieron que no hace falta la presencia física para sentirse amados. Y aunque muchos crean que está loca, ella ha convertido a María José en su aliada. A Cata y a Andrés les han pasado cosas tan bonitas y tan absurdas que se dicen con los ojos “es ella” porque saben que es su hija quien les trae esas sorpresas de la vida para darles inmensa fortaleza.

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amosermama

3 de comentarios

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  • Gracias por compartirnos esta historia tan conmovedora. Sin duda María José es un ángel que estará siempre cuidando esa linda familia.

  • Que hermosa familia. Aun sin conocer a muchos primos de Medellin, les mando un fuerte abrazo y que siempre maria jose estará en nuestros corazones.

  • Cata… siempre has sido para mi una persona que admiro, por tu fortaleza, tu forma de razonar por ser como un ángel ante el trato de las personas, Dios esta siempre con nosotros en las buenas y en las malas, y te premio por que tienes un ángel que te guía y que te esta mostrando el hacer las cosas por los demás, tu voz de fortaleza para los demás demuestra que si se puede.

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