La Ciencia de la Calma

Me habían hablado de una frasco milagroso que calma a los niños. No había querido creer y me di a la tarea de ensayarlo. Se los recomiendo, en especial a los adultos.

Las rabietas de los niños suelen ser el terror de los papás. No sabemos qué hacer cuando estamos ante un niño emocionalmente desconectado, y por lo general, terminamos desconectándonos también nosotros y perdiendo el control para lograr una doble pataleta, de niño y adulto.

Así que revisé vídeos, recetas y opiniones sobre este frasco y sus efectos. Mis principales conclusiones son:

1.No es una fórmula mágica

Ojalá pudiera decir a viva voz que cualquier herramienta o idea de crianza funciona con éxito en todo momento. El frasco de la calma no es la excepción, es una oportunidad de enseñarles a los niños a canalizar sus energías, a parar antes de reaccionar y a hacerse responsables de su bienestar y su paz. Pero cada niño es único y responde a estímulos desde su esencia original, no son ratones de laboratorio ni lechugas hidropónicas. Así que cada niño aceptará el frasco como opción, lo usará en el momento que considere y se vinculará con la idea de calmarse dependiendo de su contexto o situación.

2. Es una técnica, nunca un castigo

El frasco de la calma pretende vincular al niño, no aislarlo. Así que la intención no es que el adulto se “deshaga” del niño en medio del caos sino que lo invite a usar juntos el frasco, a mirar cómo se mueve ese polvo luminoso y cómo su respiración y su mente se aquietan para poder expresar lo que siente. Pues no se trata de que el niño se calme sin expresar sus sentimientos, o que sienta que el remedio es peor que la enfermedad.

3. La teoría que fundamenta el frasco

La pedagogía Montessori señala que en toda situación de estrés, la respiración, el ritmo cardíaco y la mente se agitan impidiendo que haya funciones cerebrales que permitan expresar y canalizar la emoción. Observar la escarcha o mirella moverse lentamente dentro del frasco y concentrarse en las formas posibles de esos elementos, genera una señal de relación entre el patrón visual y la calma interna.

Ingredientes

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  • Frasco transparente con tapa. Ten en cuenta que si es de vidrio se ve más nítido el contenido, y para niños es recomendado en plástico.
  • Agua caliente
  • Pegamento escolar transparente
  • Glicerina o shampoo transparente (opcional)
  • Elemento para mezclar
  • Colorante vegetal (opcional)
  • Escarcha, mirella, brillantina o polvo iridiscente de varios colores
  • Pega a prueba de agua

Paso a Paso

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  1. Echa agua caliente hasta la mitad del frasco
  2. Agrega el pegamento líquido: dependiendo del tamaño del frasco que elijas, puede ser un cuarto del tarro de pegamento e ir revolviendo hasta lograr que el agua se haga densa y se mueva lento.
  3. Agrega dos cucharaditas de glicerina o shampoo transparente: esto es opcional y logra el efecto de generar remolinos en el agua.
  4. Revuelve sin generar espuma.
  5. Si quieres agregar colorante a la base líquida de tu frasco, éste es el momento para hacerlo. Y revolver nuevamente.
  6. Agrega escarcha de diferentes formas y colores: la más fina se moverá más lento y los elementos más gruesos se moverán más rápido en el líquido.
  7. Revuelve nuevamente, evitando generar espuma.
  8. Si consideras que el líquido está muy denso, agrega más agua caliente hasta llenar el frasco. Si en cambio crees que está muy líquido, agrega más pegamento hasta llenar el frasco.
  9. Sella la tapa con pega a prueba de agua y espera a que se seque.

Ideas para usarlo:

Ok, los ingredientes se consiguen en una papelería y el frasco es relativamente sencillo de hacer. Pero ¿cómo lograr que mis hijos, en un momento de rabia o llanto, eligieran voluntariamente tomar el frasco, batirlo y sentarse a mirarlo hasta calmarse? Se me ocurrieron estas ideas y las empecé a aplicar para convertir a este frasco en mi as bajo la manga:

  1. Cada uno hace su frasco: Ellos elijen los colores de su frasco y mezclan algunos ingredientes aunque hagamos regueros y nos excedamos en uno u otro ingrediente. Además, yo hago mi frasco porque ellos no son los únicos que necesitan calmarse.
  2. Un lugar seguro: Al terminar de hacerlo, cada uno elije un lugar visible donde quiere tener su frasco.
  3. El ejemplo: Comienzo por modelar el uso del frasco yo. En algún momento de alteración, antes de colapsar de la ira, les digo “niños, me acompañan a mirar mi frasco mágico” y respiro profundo mientras lo miro, y les cuento cómo me siento al final, sin dejar de decirles que me enojé por esto o por aquello. Cuando alguno de ellos está próximo a entrar en un estado, le propongo “miremos tu frasco y lo conversamos” o “¿crees que quieres ver las estrellitas del frasco?”.
  4. Persistencia: La primera vez no funciona, la segunda tal vez. Y en algún momento, es probable que él tome su frasco incluso sin estar alterado.
  5. No pasa nada si no funciona: Si lo ofrezco y no lo quieren usar, no siento que es el fin del mundo. Es como cuando estás triste y comes helado de chocolate pero sigues triste, en otra oportunidad será y al menos les muestras a tus hijos otras maneras de resolver el drama.

Calma, paz interior y serenidad son habilidades que quisiera desarrollar en mis hijos, y en especial en mí. Así que bienvenidas todas las opciones para hacerlo. 

Les comparto el vídeo que hice con Tata Gómez, de No Más Sopa Mamá para que vean cómo lo hicimos y lo rico que pasamos.

Acerca del autor

amosermama

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