Hasta que los Tumbamos

Dejar de calificar y rotular a los niños, llamar las cosas por su nombre, y dar instrucciones en positivo, son algunos de los retos que tenemos las mamás en materia de lenguaje. En especial, dejar de decir que va a pasar lo que no queremos que pase.

En la cotidianidad, el ser humano se hace consciente de tan sólo el 10% de lo que pasa en su mente. El otro 90% es universo desconocido para cada uno de nosotros y tendríamos que pasar muchas horas en divanes, hipnosis y terapias, para entendernos y aumentar ese porcentaje de consciencia.

Sin embargo hay algo claro, en esa mente inconsciente se deposita lo que interpretamos de la vida que nos va pasando. Es ahí, en la sutileza del inconsciente, que el lenguaje se consolida como una herramienta clave a la hora de formar a nuestros niños. Mamás y papás son figuras a las que los niños, desde antes de nacer, confieren más poder del que imaginamos. Y es por ese poder que yo soy de las que creo que debemos revisar lo que decimos porque nos pasamos la vida imprimiendo temores en el carácter de nuestros hijos o decretando situaciones que no queremos que sucedan.

Con frecuencia escucho mamás, a mí misma inclusive, decir a los hijos cosas como “se te va a regar el jugo” “vas a dañar ese juguete” o “te vas a caer”. Percibo además un tono de amenaza, como retando al niño a que lo peor suceda para decirle “te lo dije”… “pero como no obedeces”. Entonces ese punto se lo gana la mamá, y ser mamá no es ganar pequeñas batallas contra nuestros hijos, ni tener la razón en las sentencias que dictamos, porque a veces lo que decimos es lo que menos queremos que suceda.

Lo particular de todo esto es que sin darnos cuenta, estamos generando el reguero, el daño o la caída. De tanto repetir “te vas a caer” el cerebro infantil entiende una orden, o el niño interpreta que eso es lo que la mamá quiere que pase. Y uno sale al parque y oye gritos “Martín cuidado te caes”, “No te columpies tan duro que te caes”, “Desde ese pasamanos sí te vas a aporrear muy duro”, “No te vayas a caer” y la lista sigue. Y todas las mamás apretamos labios y otros músculos, cerramos ojos y decimos por dentro “pum” “taque” “se dio” “se cayó”, pero no debería pasar de ahí, no deberíamos gritarlo a viva voz.

Algunas instrucciones que me han funcionado para cambiar el “te vas a caer” por frases que le den seguridad a mis hijos y que les cedan poder sobre algunas de sus decisiones son:

  • Hazlo con cuidado
  • Tú eres quién tiene el control y sabe hasta dónde llegar
  • Acá estoy para ayudarte
  • Hazlo sin miedo
  • Tú eres capaz
  • Confía

¿Quién quiere que el hijo se caiga? ¿Quién quiere limpiar regueros o arreglar adornos y juguetes dañados? Asumo que es desde los miedos desde donde hablamos las mamás, porque de lo contrario seríamos injustas e infantiles. Y a partir de esta suposición considero que además de dejar de decretar lo que no queremos que pase, debemos confiar más en nuestros niños y en su capacidad de lograrlo sin caerse, de agarrar el vaso con las dos manos, de medirse a sí mismos y de reconocer de lo que son capaces y en lo que necesitan ayuda.

No creo que yo logre sentarme a mirarlos jugar en el parque relajada, segura de que nunca nada les pasará. Tampoco quisiera que eso me pase. Lo que creo es que mi responsabilidad como mamá es prever el riesgo y hacérselo ver a mis hijos pero al mismo tiempo, quiero aprender a animarlos a saltar más alto, a correr más rápido y a ser mejores que sí mismos cada día.

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amosermama

2 de comentarios

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  • Caro, pienso que a veces cuando hay un peligro potencial yo pienso que uno debe advertirles que puede pasar, pero no diciendo “te vas a caer” sino algo así como “ten cuidado que te puedes caer” o advertir el peligro potencial, “corre el vaso que se te puede regar si lo dejas en el borde de la mesa”, pero no decir que va a pasar sino que puede suceder en caso de no poner cuidado. Que piensas de decirlo así??

    • Naty! Tienes razón, es importante señalar el riesgo sin sentenciar lo que tememos que pase: Decir “Ese vaso está en el borde de la mesa y yo creo que podría caerse” es mejor que decir “ese vaso se te va a caer”. Pienso que cada mamá va encontrando la manera de comunicarse con sus hijos y que es importante tener presentes varias formas de decir lo mismo para elegir la que más nos fluye. Gracias por tu opinión!

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