Ella, la que me presentó el amor

Creerán que yo amo ser mamá porque tuve en casa a un ángel que me enseñó el amor de madre siendo hija. Y es verdad.

Hace 65 años no había cómo determinar cuántos sujetos venían al mundo en cada embarazo, y los gemelos se reconocían como tal en el momento del parto. Sin embargo mi mamá y mi tía se conocieron 9 meses antes de que todos supieran que eran dos. Y desde el vientre han experimentado la compenetración física y espiritual que las ha llevado a pasar por los mismos procesos de salud, elegir la misma profesión, coincidir en los embarazos, marcar el teléfono al tiempo y sentir que se conocen más allá de la cotidianidad que las une. Hija de un hombre estricto, con muchos permisos negados y otros logrados con mentirillas. Hija de una mujer flexible, dicharachera y cuartera. “Yoly” como la conocen en la calle es hija de Belisario y Berta, esposa de mi papá y mamá de mis hermanos. Celebrando el día de la madre a mí se me llena la boca diciendo que Yoly es mi mamá.

Se casó con Óscar el 13 de diciembre de 1974 y en su primer aniversario de bodas ya estaba a punto de dar a luz a su primer hijo. 20 meses después nació la del medio y cuatro años y medio más tarde, nací yo.  Ser mamá de tres y ser docente de colegio fue la combinación que le permitió disfrutar su trabajo y regresar a casa a compartir con sus hijos. David, Mónica y Carolina llenaban las tardes de esta mamá que mirando hacia atrás señala que con el tiempo disminuyen los quehaceres cotidianos y aumentan las situaciones particulares de cada hijo a las que hay que acompañar de diferentes maneras. La primera infancia estuvo nublada por el asma del hijo mayor con la que conoció el dolor de madre. No podía dejarlo correr de más, y al mismo tiempo debía permitirle acercarse a su pasión por el fútbol, así que desde los 5 años ya visitaban academias y ligas para correr detrás de un balón.

Su gran batalla fue la alimentación, aún hoy. Mi mamá es de esas mujeres que mide el amor en la mesa, que depende de la cantidad que comas o de las veces que repitas, se siente reconocida, valorada y amada. En la calle la tildarían de alcahueta porque según ella “uno forma a partir de los excesos o las carencias que vivió”, y como tuvo un papá autoritario, eligió ser permisiva y ayudarnos a negociar con mi papá y ser la balanza entre la autoridad que él representaba y los deseos nuestros de crecer libres.

Jugamos a “las queridas” y hacíamos visita, a las mamacitas, al médico o a la oficina. Escondidijos, pelota, o bicicleta. La acompañé a mercar, a clase de equitación de mi hermano y de gimnasia olímpica de mi hermana, hicimos tareas, no estuvimos de acuerdo, nos reímos a carcajadas y también lloramos, yo aprendía y ella seguramente desaprendía. Crecimos juntas y hoy es mi gran espejo.

Uno se hace mamá para dimensionar y valorar la labor de la propia madre. Yo, desde unas semanas antes de parir a mi primer hijo en otro país, tuve la fortuna de hacerme consciente de que la elegí a ella como mamá para aprender de su manera de serlo. De ella hay muchas cosas que quisiera llegar a ser y otras que evitaré:

  1. Quiero ser una mamá sin apegos como la mía, una mamá que espera que sus hijos vuelen lejos y reconoce que “ellos no son mi continuidad”.
  2. Quiero ser una mamá con hobbies propios y pasiones que me conecten conmigo. La mía hacía cerámica, pintaba, tocaba guitarra y cantaba, no para nosotros sino para ella.
  3. Quiero ser una mamá que ama ser pareja. La mía, cada tres años,  se fue de viaje  con mi papá y sin los hijos, fueron a cine los martes, hicieron fiestas y tuvieron amigos con los que hoy comparten la alegría de ser abuelos.
  4. No quiero mostrarles a mis hijos un mundo perfecto sino un mundo real. Mi mamá eligió ocultar situaciones críticas para que nosotros no percibiéramos dolor.
  5. Procuraré no llegar a decirles a mis hijos “primero son ustedes que yo misma” como lo dice con orgullo mi mamá, porque como su hija, quisiera que ella fuera su propia prioridad.
  6. Y en muchos años, desde la otra orilla, espero mirar las situaciones de aprendizaje o las crisis de mis hijos, sin el temor de preguntarme “yo qué hice mal” o “en qué fallé”

Yo hoy conversando con mi mamá sobre ser mamá, creo que la clave está en mantener un equilibrio, en encontrar un balance y en llegar al punto medio entre lo que consideramos bueno para nuestros hijos, lo que nuestros hijos quieren para ellos y lo que la vida nos va poniendo enfrente para aprender.

¿Cómo definiste límites? Entregándoles responsabilidades y premios de a poquitos. Es como el cuento de Las Mil y Una Noches, siempre hay que dejar algo para después.

¿Cuáles son tus tips de mamá?

  • “Ni tanto que queme al santo ni tan poco que no lo alumbre” encontrar un equilibrio.
  • Ejercitar la paciencia, contar hasta 5 y respirar
  • Ser coherente y no actuar como veleta: unas veces sí, unas veces no
  • Ser perseverante y repetir las acciones para generar hábitos y aprendizajes.
  • Ponerse siempre al nivel del niño, así comprendes su posición y disfrutas la vida.

¿Qué piensas de los nietos? Los nietos reviven momentos vividos con los hijos pero el rol es diferente. El compromiso es el mismo pero la intensidad y la frecuencia es otra. Son el postre de la vida.

Estoy convencida de que cada mamá es lo suficientemente buena para cada uno de sus hijos, pero también creo que la excepción a la regla es mi mamá porque ha sido mucho más buena mamá de lo que la vida nos tenía planeado. Gracias a ella, yo hoy digo que “Amo Ser Mamá” y celebramos nuestro día juntas.

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amosermama

2 de comentarios

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  • Que hermosuram Caro me pusiste a llogar, y recordar mi infancia, al igual que Ellas yo tambien jugaba a las muñecas y las bautizabamos

    Felicitaciones a Yolanda y Florinda

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