Diccionario: Confianza

Yo quisiera confiar más en mí misma, en la gente que me rodea y en el entorno. Por eso, me propongo lograr más confianza para mí y para mis hijos.

Creo que la confianza es otra de esas palabras que conforman mi diccionario de ser mamá, una de esas metas a la que están ligadas a varias batallas de mi vida cotidiana como mamá.

La definición de la palabra confianza dibuja otros términos como esperanza, seguridad, certeza o fe. Y yo quiero que mis hijos crezcan rodeados de eso, así que pienso siempre cómo darles de esa sensación que les permite moverse por su mundo, aún pequeño, haciendo lo que su instinto les indica, convencidos de ir por un camino seguro.

Desde el vientre y durante los primeros meses de vida, la confianza de un ser humano se fundamenta en su mamá. El regazo, la voz y el olor de mamá son confianza pura para un recién nacido. Aprenden a sentarse, a comer, a caminar y a hablar absorbiendo información del entorno mientras su cerebro hace miles de conexiones y alcanza esos hitos del desarrollo humano. Mamá y papá son el soporte sobre el cual un bebé desarrolla su manera de ver el mundo mientras que cerebro y cuerpo van haciendo lo suyo.

Casi todos los seres humanos logran sentarse, comer, caminar y hablar. Pero no tantos logran integrar su sistema emocional. En el inconsciente se almacena información que va configurando el disco duro para operar en la juventud y la adultez. Es por eso que creo fundamental que los niños, desde que son niños, confíen en mamá y papá, para después confiar en ellos mismos, en los familiares que los rodean, en los cuidadores, en el entorno y en la vida misma.

¿Estoy diciendo que la confianza de un bebé depende de la figura de papá y mamá? Sí. Creo que desde que nacemos, los seres humanos dependemos de otro para sobrevivir, y el vínculo que se establece con papá y mamá es la primera relación de la vida de cualquier persona. Entonces debemos garantizar que esa primera relación esté llena de amor y señales de que la vida es un lugar seguro y agradable. Y a medida que el desarrollo va sucediendo, los bebés expresan su carácter, y se convierten en niños que expresan sus emociones, y su confianza comienza a fundamentarse en sus propias elecciones, que papá y mamá acompañan y guían.

¿Y cómo lograrlo? Cómo propiciar escenarios familiares que les permitan a los bebés crecer como niños que confían, a los niños ser jóvenes seguros de sí y a los jóvenes ser adultos que disfrutan la vida basados en sus certezas. No creo que haya una única manera de lograrlo, ni que funcione como fórmula ya que en la educación de los niños nada es matemático, excepto las matemáticas mismas.

Entonces he pensado en algunas cosas que pueden ayudar a acompañarlos a ser niños que confían:

  1. Sanar tus propios miedos: Para mí los miedos son o temores heredados o situaciones no resueltas que se almacenan en el inconsciente y después nos cobran factura en forma de miedo. Empieza por comprender qué de estar sola, de las cucarachas, las alturas o los perros te da miedo, y evita trasladar esa fobia a un pequeño que aprende de tus reacciones.
  2. Estar ahí para él: Desde que tu hijo nace, atiende sus llamados que comienzan siendo quejidos o llanto y se convierten en sílabas y palabras. Ayudarlo a contenerse en principio es enseñarle a auto contenerse. Y responder a su llamado le permitirá entender que está protegido, y que pronto le enseñarás a protegerse a sí mismo y a pedir ayuda cuando la requiera.
  3. Ayudarle a nombrar lo que siente: Desde etapas pre-verbales debemos aprender a identificar o intuir lo que ellos sienten para darle un nombre e incluso una sensación corporal. Por ejemplo, decirle “yo sé que tienes rabia porque no puedes coger eso” es una buena forma para que un bebé acepte que hay cosas que no puede coger pero sobretodo, para que entienda la emoción que pasa por su cuerpo.
  4. Llamar las cosas por su nombre: En otras palabras, decir siempre la verdad. Creo que los niños desde siempre están en capacidad de asimilar información veraz y sensata sobre la realidad. Y aunque no sea necesario dar detalles que tal vez no comprenda, todo debemos llamarlo por su nombre de la manera más simple posible.
  5. Cree lo que tu hijo te dice: Los niños no mienten como estrategia para causarle daño a nadie. Mienten o porque están en etapas de imaginación, o porque sus padres o cuidadores no les dan la confianza necesaria para contar la verdad. Así que indaguemos sobre las cosas que dicen los niños para comprender de dónde vienen, pero no las descalifiquemos como mentiras de entrada.
  6. Estar de su lado: Que haga lo que haga tu hijo sepa que tú estás de su lado. Respaldarlo incluso cuando se equivoca y acompañarlo a enmendar o corregir el error es una manera de demostrarle que no está solo en la vida y que cuenta con el amor de papá y mamá.

Partir de la buena fe de la gente, tener la certeza de que no nos pasan cosas malas sino situaciones necesarias para aprender, hablar con la verdad, disfrutar de la naturaleza, y asumir riesgos con fuerza interna es un propósito para la mayoría de los seres humanos. Y si desde que nacen los podemos respaldar para que crezcan siendo niños que confían, me la juego por ese modelo trascendental de crianza.

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