Dejé el pañal

Fui yo la que lo dejé, no Lorenzo. Él aprendió a controlar esfínteres en el día, es decir que su cerebro es capaz de contener y relajar los músculos que impiden y/o permiten que su vejiga o su intestino se desocupen. Su cerebro y mis emociones maduraron.

Dicen las estadísticas que a los 43 meses (entiéndase 3 años y medio) el 95% de los niños ya controlan esfínteres. Así que si tu hijo anda en pañal a esa edad, las otras mamás podrían comentar cosas como: “qué raro que aún use pañal, pues mi hija lo dejó solita a los 20 meses y tres días”

Yo amo ser normalita, y me siento cómoda con ser “del montón”, con hacer la mayoría de las cosas cuándo y cómo, la mayoría las hace. Así que no estaba consultando en google tips para que Lorenzo a sus 3 años y medio dejara el pañal. Hubo algunas señales que me indicaron que él estaba listo: me decía que quería ponerse calzoncillos como Salomón, que quería tener una bacinilla como las de la guardería y que él ya era grande.

Antes de creerle, me concentré en estar lista yo, para poderlo asumir. Sí, yo tenía que estar lista antes de embarcarme en esto, porque aunque ya lo había vivido con Salomón, estaba convencida que sería un viaje muy diferente.

Acá les cuento las habilidades que he desarrollado en esta etapa, pues las habilidades que desarrolla cada niño están muy bien explicadas en los libros:

  1. Correr “sin pánico”: Cuando el niño dice “mamá, popó” en medio de un supermercado hay que correr mucho, y también hay que fingir mucha tranquilidad. “Aguanta” es lo que les digo mientras caminamos rápido. Hasta ahora siempre hemos llegado a tiempo.
  1. Limpiar “sin asco”: Y cuando no llegamos a tiempo al baño, ha sido porque Lorenzo no alcanza a decir “mamá, popó” ya que anda entretenido jugando, así que lo que me dice es “mamá, hice popó” y aunque yo como sin querer creer le digo “vamos al baño”, él vuelve y me dice “no, ya hice”. Igual terminamos en el baño y yo he desarrollado una habilidad asombrosa de mantener la calma y contener la arcada. Las pérdidas materiales han sido dos calzoncillos y muchos pañitos húmedos. Él se asusta y yo le cuento que es normal y que cada vez va a pasar menos. La clave: varias pintas completas (con calzoncillos), pañitos y sentido del humor.
  1. Preguntar “sin insistir”: Con Salomón fui la loca de l pregunta “hijo, quieres hacer pipí?” hasta que me di cuenta que me estaba detestando por eso y juré que si tenía otro hijo no sería tan cansona. Y cumplí. A Lorenzo le pregunto dependiendo de mis cálculos con respecto a la última vez que entró al baño. La clave: Salomón es mi aliado y “nos inventamos” la regla temporal de entrar al baño siempre que vamos a salir de la casa o de las casas en donde estemos.
  2. Celebrar “sin perder el control”: Las primeras veces que Lorenzo hizo pipí en la bacinilla, sentí que el corazón se me iba a salir del orgullo. Pero me contuve, celebré chocándola, le dije “qué bien Lolo!” y por dentro estaba bailando “Happy” de Pharrel Williams. Así como me volví hábil en contener la arcada y el pánico, también creo que es justo contener la fiesta excesiva y animar a los niños sin endiosarlos.
  1. Cargar “sin exceso de equipaje”: Cuando creí que estaba lista para dejar el pañal, fuimos a una piñata y mi mochila pesaba demasiado: pañales, pañitos, ropa extra para todos, y lo cotidiano: bloqueador, repelente, snacks y agua. Poco a poco he aprendido a salir más liviana, y lo que no se queda: una pinta completa, bolsas plásticas y pañitos.

Yo no sé si sea cierto que cada niño tiene su momento, tampoco estoy segura si dejar el pañal se logre a punta de entrenamiento o desapareciéndolo de la vista. Lo que comprobé con Lorenzo para dejar el pañal en el día, es que el momento fue en el que yo estuve lista, yo he sido quien se ha entrenado en estas habilidades y lo único que ha desaparecido de mi vista es la probabilidad de devolvernos después de lo que hemos avanzado.

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amosermama

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