Convención de los Derechos de las Madres

Gracias a la participación de muchas de ustedes, esta declaración sigue creciendo. Hace algunos meses comencé mi Convención de los Derechos de las Madres porque quiero dejar claro que aunque amemos ser mamás, tenemos derechos por los que ningún senador vela y ni siquiera nosotras las madres reconocemos en medio de nuestro desmedido y compulsivo rol de mamás.

En una publicación anterior habíamos comenzado con el derecho a embarrarla, a no amar ser mamá en todo momento y a no tener ni idea de qué hacer en muchos casos. Y hoy le sumamos 5 nuevos artículos que nos protegen, al menos moralmente.

Artículo 4: Derecho a conservar su identidad:

Toda madre tendrá derecho a conservar y mantener su nombre propio como principal manera de ser llamada por los demás, excepto por su hijo. Habrá escenarios donde “la mamá de Salomón y Lorenzo” sea la mejor manera de diferenciar a una madre de otra, pero esa mujer se llama Carolina, es hija de Óscar y Yolanda, tipo de sangre O+, ha estudiado periodismo y se ha esforzado por mantener en alto ese nombre del que no será despojada. Podrán las mamás corregir a las enfermeras y personal de la salud que las llamen “mamá”, podrán blanquear ojos cuando alguien no recuerde su nombre pero sí el de sus hijos y podrán elegir discrecionalmente en qué escenarios les conviene más usar “la mamá de” para honrar el nombre propio. Pueden además las mamás, demostrar que no son tan madres en muchos escenarios, que pueden ser profesionales tajantes, amigas sangronas, hijas olvidadizas y esposas poco detallistas ya que su rol de mamá no determina sus otras maneras de relacionarse con el mundo.

Artículo 5: Derecho a tener tiempo sin hijos:

Se permite que las mamás pasen tiempo a solas independientemente de la edad de su hijo. Las constituciones políticas del mundo en su mayoría, declaran el derecho a la intimidad, y para efectos de esta declaración, la intimidad es entendida como el espacio que no es fiscalizado ni mediado por la presencia de los hijos y el marido. Podrán las mamás pedirle a sus hijos que se retiren del baño, podrán solicitar que otro adulto se haga cargo de los hijos para arreglarse las uñas, bañarse sin afán o conversar por teléfono. Se les permitirá a las mamás a salir con amigas y reservarse el derecho de hacer alarde o quejarse de su rol de madres.

Artículo 6: Derecho a tener el control de la TV y soltar el control de todo lo demás:

Cada cierto tiempo, toda mamá tiene derecho a determinar los contenidos televisivos que consume, tanto ella como su familia. Y es que aunque hemos desarrollado placer viendo “Jorge, el curioso” “Octonautas” o “My Little Pony” a las mamás nos siguen gustando las chick flicks o el suspenso, las noticias de entretenimiento e incluso las telenovelas. Si es su voluntad, las mamás podrán saber qué es Stranger Things, House of Cards o Sense8 para mantener su buen nombre en conversaciones grupales o entender chistes de pasillo.

Artículo 7: Derecho a no hablar de los hijos:

Se reconoce que toda mamá se agota mentalmente y al tener toda su energía concentrada en atender las necesidades de sus hijos, se cansa de temáticas relacionadas con desarrollo infantil, alergias, alimentos saludables y pataletas. Por lo anterior, se les concede el derecho a no querer hablar de los hijos, de sus decisiones, de sus frustraciones o de sus logros. Frente a preguntas del tipo: “¿Tú hijo todavía no duerme la noche completa? Ay no! ¿y cuánto es que tiene ya?” una mamá podrá elegir entre guardar silencio, mirar al piso, responder una llamada telefónica o desviar el tema de conversación. Todo lo que una mamá responda a este tipo de cuestionamientos será usado en su beneficio para declararla inexperta y libre, que es como todas merecerían ser calificadas.

Artículo 8: Derecho a vivir libre de culpas:

Es sabido que todos los seres humanos tenemos situaciones sicológicas no resueltas, rayones o traumas. Aunque los psicoanalistas digan lo contrario, toda madre podrá vivir libre de culpas frente a esas situaciones que al parecer son elegidas por cada quien para recorrer su camino y cumplir cualquiera que sea su misión. Se exonera a las madres de pensamientos como “si lo regaño, me lo tiro”, “si le doy gusto, me la monta” o “si no le doy permiso, va a ser un mal hombre”. Y cuando los hijos crezcan y vivan experiencias no tan gratas como una quiebra, un divorcio o un retiro forzoso del trabajo, las mamás no deberán preguntarse “¿yo qué habré hecho mal?” sino aceptar que sea cual sea el rayón elegido por ese sujeto, ellas se echarán la culpa, pero la sociedad las protegerá de ser incriminadas.

La lista de esta Convención de los Derechos de las Madres podrá ser modificada dependiendo de las edades de los hijos y del momento histórico de quien escribe y sus lectoras.

Comuníquese y cúmplase.

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amosermama

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