1
Una decisión fundamental
2
De hijo único a Hermano Mayor
3
Un día a los 6 meses
4
Mis Hijos no son Míos
5
María caminó antes que Violeta
6
Aprendiendo a Proteger el Alma
7
El poder de la rutina
8
Gadgets con los que yo no crecí

Una decisión fundamental

Antes de que nacieran mis hijos, cuando pensaba en las decisiones que implica la maternidad, se me ocurrían ideas superficiales como qué productos usar, qué coche comprar,  o con qué tipo de ropa vestir al bebé, y algunas más profundas sobre la pérdida de independencia, las finanzas familiares y la forma en la que me gustaría hablarle a mis hijos. Una de las decisiones que no pensé hasta que no me preguntaron fue la elección de colegio. De repente, me empecé a topar con esas conversaciones cargadas de comparaciones en las que me preguntaban, cuando el bebé sólo tenía tres meses, en qué colegio iba a estudiar.

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De hijo único a Hermano Mayor

Durante mis primeros tres meses de embarazo sentí algo más allá de las maluqueras. No sabría cómo llamarlo pero el sentimiento que más se le parece es la culpa. Yo no consideraba factible querer a otro hijo como ya quería a Salomón, y me parecía muy raro eso de tener que repartir mi amor entre dos hijos. Veía a Salomón corriendo por la casa y se me encharcaban los ojos pensando que ya no tendría tanto tiempo para correr detrás de él. Yo no sé si sea el boom hormonal que sucede en el cuerpo pero antes de pensar en la felicidad de otro hijo, yo muchas veces pensaba en que Salomón tendría que compartir papás, abuelos, tíos, juguetes, tiempo y espacio.

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Un día a los 6 meses

Creo en el poder que tiene la rutina en los bebés porque les permite anticiparse a los hechos y saber qué sigue. En principio esos hábitos los imponemos los papás y más adelante serán los niños quienes busquen repetir esos ciclos que su cuerpo ya conoce.

Lorenzo tiene seis meses y medio y confieso que mi expectativa frente a sus rutinas era la experiencia previa de las rutinas de Salomón. Y la vida enseñándome aquello que repito tanto, me mostró con los hijos que cada organismo es diferente y cada ser humano único. Mientras yo esperaba que a los 3 meses de Lorenzo supiéramos horas exactas de alimentación y sueño, la realidad fue que a los tres meses logramos aceptar y manejar la inmadurez gástrica que causó cólicos en el bebé y pudimos empezar a diseñar nuestro día con mayor claridad.

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Mis Hijos no son Míos

“Los hijos son prestados” nos dicen las abuelas, las mamás y las canciones. Yo tengo la certeza de que lo que esta frase significa para mi generación es que los hijos tarde o temprano “se van”, que los hijos “son de uno”  por un período corto de la vida, que llega un momento en el que los hijos “abandonan el nido” y un montón de frases sacadas de cajón que reiteran que, al menos por un momento, los hijos nos pertenecen.

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María caminó antes que Violeta

Dicen que las comparaciones son odiosas, pero en materia de crianza las mamás no podemos evitar revisar a los hijos de amigas y conocidas para compararlos con los nuestros. Hasta que edad lo alimentaste? Come de todo? Duerme toda la noche? Es obediente? Ve televisión? Son muchas de las preguntas con  las que invadimos a otras mamás.

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Aprendiendo a Proteger el Alma

El 4 de septiembre de 2014 estuve en “Escudos del Alma” un evento organizado por Red PaPaz que busca articular a instituciones educativas y padres de familia compartiendo buenas prácticas en materia de protección  y acompañamiento de niños y adolescentes.

Me encantó haberme dado el día para pensar en mis hijos, en mi manera de acompañarlos por la vida y en las decisiones a las que cada día nos vemos y nos veremos enfrentados como padres. Y me encantó sentir que podría compartir todos estos aprendizajes a través de este espacio,
así que ahí les van mis conclusiones sobre las charlas a las que asistí:

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El poder de la rutina

La mayoría de nuestros días empiezan de una manera particular. Con despertador o sin él; agua fría o caliente para el baño; arepa, cereal o fruta al desayuno; en bus, carro, metro o cicla para el trabajo; pausas, personas con las que tratamos, retorno a casa, cierre del día; tv, wii, libros o redes sociales; pijama y cama. Esta secuencia que se convierte en vida cotidiana no surgió un día de golpe. Nos tardamos meses o años para que esos hábitos pasen de ser acciones que responden a la agenda del día y se transformen en rutinas.

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Gadgets con los que yo no crecí

Yo, a mis 33, me siento criada de milagro. Mis papás nunca compraron pañitos húmedos especiales para desinfectar chupos, ni espejos para mirarme por el retrovisor del carro, tampoco gimnasios que ocuparan media sala de la casa o jabones especiales para lavar teteros.

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