Botamos la “Silla de la Reflexión”

Confieso que usé la “silla de la reflexión”, que creo me sirvió por un tiempo, y que aún siento culpa por haberla usado sin pensar en el temor que causé en el hijo mayor.

Hace unos días Salomón me pidió que echáramos a la basura “LA SILLA” que es como llamamos a esa práctica, y decidí que era lo indicado para no tener la tentación de amenazar y para encontrar otras consecuencias más coherentes con los comportamientos de mis hijos.

La práctica del “tiempo fuera” se fundamenta en los principios de la modificación de la conducta que pretenden instaurar o modificar comportamientos. Pretende que, al retirar físicamente al niño del espacio en el que entró en conflicto, se modifique su comportamiento a partir de la privación de la cotidianidad familiar.

Cuando el hijo mayor comenzó a expresar emociones y a sentar su posición, yo me asusté y no tuve herramientas diferentes para ejercer mi autoridad. Así que compré una silla pequeña y la puse en un rincón de la casa. Y cuando perdíamos el control, ahí lo sentaba y me quedaba cerca hasta que se calmara para hablar sobre su comportamiento. En su momento funcionaba porque él entendía que había una conducta inadecuada para la convivencia familiar, porque podíamos conversarlo cuando pasaba la crisis y porque después de varios ratos en esa silla, mi hijo prefería acatar las normas para evitar ir a ese lugar.

Sigo pensando que es fundamental establecer límites al accionar de los niños, que permitirles lo que quieren por encima de normas fundamentales envía mensajes errados que les permiten también irrespetar. Creo además que un niño en desarrollo no tiene la capacidad cognitiva necesaria para auto-controlar sus impulsos y que a través de las normas, los padres establecemos cimientos para que ellos aprendan a relacionarse con el entorno, con los demás y con ellos mismos. Pero en nuestra cultura aprendimos a acatar las normas porque tenemos miedo de la sanción, no porque consideramos que son necesarias para una vida más rica y tranquila.

Hace varios meses, empecé a ver que “la silla” funcionaba como una amenaza, me servía para contar hasta tres “Salomón a la una… a las dos… a las dos y media… y a las…” y mi hijo obedecía por temor a no ir a la silla, porque sabía que si yo llegaba a tres iba a estar enojada, y cumpliría mi amenaza. Y me sentí mal, me dio culpa, y no me pareció chévere que mis hijos tengan miedo de su mamá. Además creo que eso de sentarse a pensar en un rincón, sea cual sea el comportamiento inadecuado, no tiene sentido. Pues no creo que mi hijo de 5 años, reflexione y saque conclusiones sentado en una esquina, y se comprometa a mejorar su conducta.

Llevábamos varios meses sin usarla, pues funcionaba desde la amenaza. Y una tarde, Salomón me dijo:

“Tú no me quieres, porque me pones en esa silla a llorar”

Y yo intentando explicarle que era la consecuencia de sus conductas, que era su decisión y bla, bla, bla… entendí que no era cierto y que él tenía la razón: que esa silla era una manera de desconectarnos emocionalmente y que yo como adulta a cargo de la crianza de mis hijos, debo definir consecuencias lógicas y naturales que respondan de manera coherente al comportamiento.

Entonces le di la buena noticia de que botaríamos la silla. Al ver su cara de felicidad, al sentir que le estaba dando el poder de portarse bien por convicción y no por miedo, me dieron ganas de llorar. Y también me dio susto por no tener un as bajo la manga que me permitirá lograr que haga lo que yo quiero, porque las mamás somos a veces manipuladoras, porque no tener soluciones nos obliga a tomar medidas que nos protegen a nosotros así atenten contra ellos.

Esperamos al camión de basura con la convicción de estar creciendo. Yo con el objetivo de empezar a pensar más en mis hijos y menos en mis expectativas, con el propósito de establecer normas más claras, con la meta de perder menos el control y con la tranquilidad de estar haciendo lo que yo creo mejor para mi familia.

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amosermama

5 de comentarios

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  • Caro…me gustó esto que escribiste…
    te cuento que lo mas difícil que he experimentado en mi rol de mamá es precisamente encontrar consecuencias lógicas y naturales…y me he esforzado muuchisimo para encontrarlas…muchas veces no las encuentro y algunos actos quedan sin consecuencia….pero lo que nunca nos falta es la reflexión.
    He visto que realmente mis hijas sienten dolor cuando saben que hirieron a alguien y creo que esa es la mejor consecuencia natural…creo que los castigos y las privaciones son un arma de doble filo…que sirven para volverlos temerosos y los incentivan a hacer cosas al escondido.

      • Estaré esperando el resultado. Es interesante su articulo. Nunca he sentado a mi hija en la silla, pero hay otras “sillas” que tienen el mismo efecto. Asi que me gustaría saber en un tiempo el resultado de su nueva experiencia.

  • Excelente articulo, nos ayuda a autoevaluarnos, muchas veces iniciamos practicas solo por que estan de moda y ni siquiera tenemos encuenta la personalidad de nuestros niños, sus manifestaciones frente al mecanismo de correccion que estamos utilizando.

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