El que Ama Ser Papá

Una de las cosas que más amo de ser mamá es la persona con la que elegí compartir este camino.

“La margarita todas las mañanas, con agua fresquita, se lava la cara” cantaba un hombre en mi casa, cuando el primer hijo tenía un mes. El mismo hombre, cinco años antes en un altar, me había dicho “acepto que no somos perfectos, pero tú eres la mujer perfecta para mí”. Y hoy, casi diez años después del altar y casi cinco años después de oírlo cantar esa y otras canciones infantiles, tengo que reconocer que verlo ser papá me enamoró más de él y que me ha dado muchas razones para amar ser mamá.

No creí yo, cuando éramos amigos, que él elegiría casarse, tampoco me lo imaginé de papá. Siempre lo vi como un académico medio ermitaño, peleando con el reconocimiento y entregado a cualquiera que fuera su trabajo. Y ahora que lo veo corriendo detrás de los hijos en un juego que sólo ellos entienden, o soltando carcajadas con ocurrencias del mayor, o derretido porque el menor se acurruca en su regazo al amanecer, no me lo imagino sin hijos y me encanta que el que conocí hace 18 años sea con el que hoy comparto la vida cada día.

Aprendí a su lado a ser una mamá más consciente, a confiar en la vida y a permitir que nuestros hijos la vivan. Finalmente acepté que él no considera que el uso del babero sea indispensable para darle comida a sus hijos (en bocados o cucharadas de adulto), también me sigo arriesgando al decirle que vista a los hijos porque a mi modo de ver son pintas sin sentido alguno. Descubrí que no ser meloso no es lo mismo que no amar a los hijos, que no hay que correr a abrazarlos cada que se caen porque es probable que ni siquiera les haya dolido, que lo que yo no empaque en la pañalera sencillamente se queda en la casa, que el shampoo debe ser una instrucción explícita, que mientras él esté en casa, el hijo mayor prefiere que su papá se haga cargo, y que no puedo esperar que él adivine lo que yo quisiera que le dijera a los niños o a lo que yo aspiro en términos de crianza.

Lo que menos ama de ser papá: La pérdida de libertad. Eso de sentir que una vez uno se hace papá todo en la vida se planea y se piensa en función de los hijos. No vuelve uno a tomar decisiones a la carrera, e incluso comienza a tomar decisiones por un par de seres humanos que dependen enteramente de uno.

Lo menos fácil de su papel: Definir y asumir un estilo de crianza balanceado, que no se exceda en autoridad, que no carezca de cariño, que ponga límites y que esté presente en el desarrollo de los hijos.

Su mayor aprendizaje: Comprender que los hijos no se comportan ni responden como uno está acostumbrado a ver responder a otros. Que son niños y su sistema racional es diferente al de él como adulto.

Lo más chévere: Descubrir la manera en que ellos, sus hijos, reconocen el mundo. Verlos crecer y aprender le recuerda al niño que él fue.

Lo que quisiera hacer y ya no puede: Sentarse a leer sin ser interrumpido es una de las cosas que desde hace cuatro años y medio le pasan poco. O salir de rumba sin pensar en el guayabo con niños a bordo, son situaciones en las que ahora debemos pedir ayuda, y planear con una o dos semanas.

Lo que más le gusta hacer con sus hijos: Con Salomón, armar legos o rompecabezas y con Lorenzo, cargarlo y darle besos.

Algunas de sus observaciones como papá:

  • Es cierto que con el primer hijo hay mayores temores y que en su crianza cometemos más errores. El segundo tiene unos papás con mayores claridades.
  • Hay que estar atentos como papás pero no interferir en los procesos de los niños, acompañar en silencio es permitirles decidir en sus juegos y en lo cotidiano de sus días.
  • Ver a sus hijos jugando, le despierta preguntas sobre su infancia como hermano mayor.

A qué le tiene miedo: Su temor es que alguno de sus hijos se vea sometido a una situación de abuso o maltrato.

A qué no le tiene miedo: El mundo que le tocó vivir a los hijos. Este papá cree que en todos los momentos históricos ha habido drogas, información, y sexo. Y no los mira con temor, cree que debemos estar ahí como papás y asumir posturas menos moralistas y más realistas del entorno. Tampoco le tiene miedo a que se caigan y cree que además es importante que todos aprendamos a manejar ese tipo de eventos.

Ése es Carlos, el papá de los niños, el que me escoge y al que escojo cada día para disfrutar la vida, el calvo, prudente, interesado en el desarrollo de la ciudad y la región, el que compra libros para leer algún día, el que guarda cajas de diversos tamaños porque de pronto nos sirven, el que no come repollo ni champiñones, el que juega en silencio con sus hijos, el que en las mañanas prepara un tetero y un milo, y el que en las noches desde la cama del mayor, narra lo que pasó en su día.

Al papá de mis hijos, a mi papá, al papá que hay en mi hermano, al papá de mis sobrinas, a los papás amigos, a los que pronto serán papás, y a lo que haya de papá en cada uno de los que lee… Gracias! Por hacer parte, no por ayudar sino por asumir sus labores, por respetar a las mamás y por soportarlas, por acompañar a los hijos de una manera única y fundamental para su desarrollo. Gracias!

Acerca del autor

amosermama

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Amo ser mamá. Todos los derechos reservados © 2014. Más información en info@amosermama.co    heart    Hecho con amor por Furore - Agencia Digital.