A mi Manera

Amo las celebraciones del año, con sus clichés y espíritu festivo. Y siendo mamá, descubrí que es importante darle un sentido a eso que hacen en las calles y se toma las vitrinas.

No soy una mujer producida, por no llamarme simple. No me disfrazo hace muchos años y cuando lo he hecho no ha sido más que ponerme un sombrero, una máscara o una capa. Pero cuando nacen los hijos, Halloween adquiere otra dimensión. Ya no es el fin de semana de fiestas que poco se acercan a mi gusto o de niños desconocidos tocando el timbre a pedir dulces que no compré. Ahora es la posibilidad de enseñarles a mis hijos aventuras desde los juegos de rol, la necesidad de mostrarles a los niños vecinos que hay cosas más divertidas que un confite, y la oportunidad de conocernos como familia en este tipo de escenarios.

Sépanlo, el que ama ser papá ni se ha dado cuenta que es Halloween, así que comprar disfraces, pensar en algún adorno para cambiar el entorno, definir qué regalar cuando suene el timbre que no atente contra la salud de los niños y acompañar a los hijos a decidir qué personaje quieren ser en esta época del año, son temas de la que ama ser mamá, y de los hijos.

Durante muchos años, el Halloween fue una fiesta en casa de un amigo en la que nos teníamos que poner alguna cosa en la cabeza, para al menos saludar al entrar. Ahora, es un evento para el que el hijo mayor sabe que faltan 10 días, hace más de un mes nos llegaron los disfraces que compramos por internet, y yo ya tengo listo mi paquete con sorpresas no dulces que entregaré cuando escuche el estridente “triki, triki, Halloween, quiero dulces para mí”.

Halloween es otra de esas cosas que cambió con la maternidad. Acá les cuento algunas ideas con las que vivo Halloween a mi manera:

  1. Decorar algún espacio:

Ya saben que no soy producida, me mortifican un poco las vitrinas navideñas desde septiembre y me cuestiono con brujas y calabazas de icopor decorando las porterías de unidades residenciales. Sin embargo, mi simpleza se vio superada por la maternidad, y elegí hace un año poner adornos alusivos a Halloween, y para eso recomiendo el millón de opciones de diferentes niveles de complejidad que se despliegan en pinterest al digitar Halloween. Calabazas de verdad para hacer caras o figuras, decorar la puerta con arañas o con la cabeza de algún monstrete, y hasta recetas alusivas a la temporada son excelentes opciones para pasar las tardes del mes con los niños.

  1. Sorpresas no dulces:

No soy el grinch, me gusta que los niños toquen la puerta de mi casa, abrirles, admirar sus disfraces y su valentía para venir a cantarle a una desconocida una canción que ni siquiera entienden con tal de recibir un dulce a cambio. Y sin ánimo de ser la vecina más aburrida del edificio, elegí hace 4 años buscar otras alternativas de sorpresa que no fueran dulces. Comencé regalando pelotas inflables y tres días después todavía algunos vecinitos timbraban con la ilusión de que me hubieran sobrado pelotas. Fue una sorpresa para ellos que yo no les diera bombones o confites extraños en su color y textura, pero cuando miraron su canasta llena de esos confites comprendieron que yo no era la más beata sino la más divertida. Y quisieron ser amigos de mi hijo que todavía no cumplía un año y no entendía áquello del triki triki. Después regalé burbujas, otro año crayolas y luego trompos. Regalos que significan la misma inversión que un paquete de dulces, que además en esta temporada se encarecen, pero que para los niños significa una pelea menos con la mamá por comer chicle y una oportunidad de cambiar de plan en esta noche.

  1. El que se disfraza es el niño:

Nació el hijo mayor y yo alcancé a visualizar disfraces como el hombre manos de tijera, el sombrerón, un piloto con avión en caja de cartón y cuánto sueño frustrado de disfraz bien producido puede ocurrirse. Antes de que cumpliera un año, vivió su primer Halloween y ahí sólo pensé en algo cómodo para que terminara disfrazado de jirafa. Para el segundo Halloween me encontré con un disfraz de dinosaurio que a mi me pareció divino y él ni siquiera estrenó porque prefirió llorar a todo pulmón y yo, frustrada, decidí respetarlo, así que se fue de pinocho improvisado y ha sido uno de sus mejores recuerdos. Hasta ahí llegó mi opinión y criterio. Comprendí que por más pequeños que sean, exceptuando bebés que aún no desarrollan lenguaje, todos los niños de todas las edades deben elegir su disfraz, sin sentir la culpa de no hacer realidad el sueño de su mamá. Señora, si soñó con el hombre manos de tijera, bien pueda y haga un disfraz para usted, pero deje que su hijo vaya de Buzz Ligthyear a la fiesta, entienda que él es el que tiene que salir así a la calle, timbrar en casas ajenas y pasar la pena para recoger dulces.

  1. Aduana a la colecta de confites:

Con su disfraz soñado, el mayor ha sido monstruo, Capitán América y ahora Tortuga Ninja, personajes con los que yo he estado lejos de soñar ver en sus álbumes de fotos, y que estoy dispuesta a mandar a imprimir para que él tenga el recuerdo de sus decisiones. Así hemos salido a tocar de puerta en puerta para llenar una bolsa de dulces que no serán todos para él. Desde que comenzamos la tradición de tocar puertas con los demás niños del edificio, llegamos a la casa después de la maratónica jornada y hacemos aduana de dulces: separamos “los que se pueden comer” de “los que vamos a regalar” y juntamos chocolates, mazapanes y galletas en una bolsa y en otra confites, chicles, gomas, bombones y colombinas. Creo que no hay privación en esta aduana porque se permiten algunas excepciones, pero hay consciencia de su bienestar y por lo general, es él quien separa sin remordimiento alguno. Es un hábito de nuestra familia y espero mantenerlo como un acuerdo, e incluso disfrutar de la aduana juntos.

  1. Juegos de Rol:

Esta parte del Halloween se extiende durante varias épocas del año, pero durante este mes de manera especial, sacamos las narices de animales, las máscaras de superhéroes, los títeres y las espadas para jugar a ser los que no somos. Las “corridas atrapadoras” es un juego de esta familia similar a la chucha de los paisas, y jugarlo con capa y máscara de Batman lo transforma en una batalla para “salvar a los buenos”. Este mes, procuro leer cuentos con sombrero y nariz de conejo o ponerme la máscara de Hulk mientras sirvo la comida, y el mayor ha disfrutado un montón poniéndole máscara de luchador al menor, y el menor haciendo como un león para asustarnos. Esos son los juegos de este mes que nos quedan gustando tanto que los repetimos durante el año.

 

Aunque el Halloween haga honor a los que ya no están, en mi familia es una excusa para volver a ser niños. Así que yo, la que no se ponía un disfraz con mucha facilidad, ahora ando por mi casa hablando como un pájaro milenario que nos inventamos como el personaje que avisa que la comida está lista.

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